EFE
Montserrat Nebrera, al calor del tamborilero que inspira su candidatura
En un momento, la mediática Montserrat Cabrera, ex diputada del PP, pareció que comía terreno a Alicia Sánchez-Camacho en su contienda por presidir el partido en Cataluña. Y, al momento siguiente (año 2009) se fue del partido vencida en ese duelo y con una sangrante carta-fax que dejó poco a la imaginación: las discrepancias internas con el partido eran irreconciliables.
El «acento» de la ministra Magdalena Álvarez puso el colofón a una despedida casi anunciada. La barcelonesa criticó ese andaluz con el que la ministra no supo explicar el caos de comunicaciones acaecido en el aeropuerto de Barajas en los días anteriores y la revuelta social dio paso a la crispación política. «Tiene un acento que parece un chiste», descalificó Nebrera a la hoy eurodiputada socialista. Fue desautorizada por el PP catalán, que le abrió un expediente a pesar de que Nebrera luego reculó por lo «caldeado» de sus palabras y pidió perdón. No obstante, repitió expediente unos meses después cuando tildó de «farisea» la gestión de la reciente presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho.
El «acento» de la ministra Magdalena Álvarez puso el colofón a una despedida casi anunciada. La barcelonesa criticó ese andaluz con el que la ministra no supo explicar el caos de comunicaciones acaecido en el aeropuerto de Barajas en los días anteriores y la revuelta social dio paso a la crispación política. «Tiene un acento que parece un chiste», descalificó Nebrera a la hoy eurodiputada socialista. Fue desautorizada por el PP catalán, que le abrió un expediente a pesar de que Nebrera luego reculó por lo «caldeado» de sus palabras y pidió perdón. No obstante, repitió expediente unos meses después cuando tildó de «farisea» la gestión de la reciente presidenta del PPC, Alicia Sánchez-Camacho.
El tamborilero que ahuyentó a Napoleón
Hasta aquí, la síntesis de un desencuentro. Nebrera, sin embargo, no quiere poner ahí el punto final. Se ha afanado en su labor docente y mediática en los últimos tiempos, pero continúa imbuida por su vocación política, que desarrolla con otras siglas: Alternativa de Govern, que inscribió en el Ministerio de Interior el pasado mes de abril. Ayer, la diputada díscola admitió que, tras un tiempo sondeando las dificultades que entraña la presentación de una candidatura, aterriza en la precampaña de las catalanas, la «trascendental» de la que habló José Montilla cuando presentó la lista socialista.
El 28-N, Nebrera se disputará votos otra vez con Sánchez-Camacho, habida cuenta de que el ideario político y el «target» de votantes que persiguen tienen el mismo perfil. Nebrera escogió la simbólica estatua del Timbaler del Bruc para hacer su anuncio de cara a los comicios, debido a que, según comentó, ella es del calibre del tamborilero de Barcelona que ahuyentó desde el macizo de Montserrat a las tropas napoleónicas -superiores en fuerza y número- con la única ayuda de su tambor, haciéndoles creer que eran más de los que en realidad había.
La ex dirigente popular admitió que se lo ha pensado dos veces antes de ser candidata a los comicios autonómicos, porque a su partido le faltaba la estructura definitiva y por el gasto que comporta la campaña. ¿Su lema? «Liberales de Cataluña: ya estamos aquí».
Fiel a su estilo
Nebrera, habitual de las tertulias televisivas, no escatimó en propinar hachazos verbales a sus contrincantes para lograr el mejor corte de voz para los informativos. Encomendándose a La Moreneta, se sacó de la guantera perlas como que ve al resto de partidos «absolutamente pringados por las subvenciones que reciben» y, consciente de lo caro que se paga un sillón en el «Parlament» en estas autonómicas a la que se presentan las cinco listas tradicionales (PSC, CiU, PP, ERC e ICV), junto con opciones más minoritarias como Ciutadans de Albert Rivera, UPyD, Reagrupament y el partido de Joan Laporta Solidaritat Catalana per la Independència, dice que ella no anhela «el escaño, sino timbalers (tamborileros)» como aquel pastorcillo que consiguió su propósito en 1808. ¿El suyo? Aportar un poco de brillo a esa «charca que apesta» en la que ella consideró se había convertido la política catalana.







