Los antiguos escritos griegos recogen que una roca cayó durante el día y que tenía el tamaño de un «vagón» y un «color quemado». Incluso Aristóteles escribió sobre el evento casi un siglo después de que ocurriera, señalando que a la misma hora que se precipitó la roca un cometa cruzaba el cielo.
Según publica la revista de divulgación científica, New Scientist, el filósofo Daniel Graham y el astrónomo Eric Hintz, de la Brigham Young, han reconstruido la posible trayectoria del cometa Halley y creen que coincide con las observaciones de los griegos. El Halley pudo haber sido visible durante un máximo de 82 días entre el 4 de junio y el 25 de agosto del 466 a.C.. Sobre el 18 de julio, una época del año que se caracteriza en la región por fuertes vientos, se encontraba en el oeste del cielo. Durante ese tiempo, la Tierra se encontraba bajo la cola del cometa, lo que explica la caída de meteoritos.
El Halley, el cometa que más interés ha causado nunca y del que incluso se ha dicho que trae malos presagios, orbita alrededor del Sol cada 75 años, así que el avistamiento se habría producido tres órbitas antes del registrado por los chinos. La investigación aparece publicada en la revista Journal of Cosmology.










