Hemeroteca / ANIVERSARIO DEL 11-S

La interminable «Guerra contra el terror» del billón de dólares

Día 14/01/2011 - 14.02h

Hoy hace nueve años, el mundo asistía al mayor ataque terrorista de la historia reciente y al inicio de una «Guerra mundial contra el terrorismo», que sólo es superada en gastos por la II Guerra Mundial... y no parece tener un final cercano

Hoy hace justo nueve años que el mundo asistía incrédulo al mayor ataque terrorista de la historia reciente. El corazón financiero de la principal potencia del planeta, el World Trade Center de Nueva York, era reducido a escombros y el Pentágono sufría el primer atentado de su historia. ¿El balance? 2.973 muertos. ¿La consecuencia? Una guerra imprecisa e interminable lanzada por el presidente Bush contra el terrorismo internacional, que le ha costado a Estados Unidos más de un billón de dólares y ha acabado con la vida de más de 100.000 civiles y 6.000 soldados.
La interminable «Guerra contra el terror» del billón de dólares
REUTERS
Bush anunciando la «Guerra contra el terror» en la Casa Blanca, tras el 11-S

Bush convertía aquella cruzada mundial en el eje central de su política, de la que el actual inquilino de la Casa Blanca, Barack Obama. ¿Su objetivo? Cambiar la orientación ideológica de la política exterior de un Bush que, tan solo dos días después del 11 de septiembre de 2001, prometía «liderar al mundo en la victoria contra el terrorismo» y «ganar la guerra que ha sido declarada contra Estados Unidos».

Bush bautizó aquella cruzada como «la primera guerra del siglo XXI». «Estados Unidos –aseguró– se enfrentan a una nueva clase de guerra, pero este Gobierno se va a adaptar y va a solicitarla ayuda de otros aliados, para asegurarnos que los responsables de estos actos y la gente que les protege paguen por sus actos». Aquellos aliados fueron finalmente varios miembros de la OTAN, incluida España, y otros estados aliados.

En teoría, en el punto de mira estaban todos los grupos terroristas denominados así por la ONU, así como los estados que supuestamente patrocinaban el terrorismo, pero el objetivo principal fue, principalmente, Al Qaida y su líder, Osama Bin Laden, responsable de los ataques del 11-S.

Invasiones de Irak y Afganistán

Bush actuó rápido: tres semanas después invadía Afganistán y un año y medio después Irak. Aquellos fueron los escenarios principales donde el presidente concentró su estrategia contra el terror, con el respaldo de la «voluntad colectiva del mundo», aseguraba.

El FMI cifró en 64.000 millones de dólares el aumento experimentado en el gasto militar mundial desde principios de 2001 hasta finales de 2002. En este mismo año, los tres grandes fabricantes de armas de Estados Unidos (Lockheed Martin, Boeing y Northrop Grumman) recibieron más de 42.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono, lo que representó casi un tercio más que en 2000. Y ya en 2005, el presupuesto militar de I+D alcanzó un record histórico de 75.000 millones de dólares, cuatro veces más que el presupuesto del mismo sector en todos los países de Europa y más de dos tercios del del resto del mundo.

Casi una década después, la «Guerra contra el terror» se ha convertido ya en el segundo conflicto más caro de la historia de Estados Unidos, sólo superado por la Segunda Guerra Mundial, según el informe publicado por el Servicio de Investigación del Congreso, «Coste de las principales guerras estadounidenses». Según éste, desde el 11-S Washington se ha gastado en operaciones antiterroristas en estos dos países y otras partes del mundo 1,15 billones de dólares. Un esfuerzo económico considerable teniendo en cuenta la profunda crisis económica.

La nueva estrategia de Obama

«¿Cambiaría Obama la "Guerra contra el terrorismo" de Bush ante datos como este?», se preguntaban un grupo creciente de pensadores, académicos y expertos en seguridad, que comenzaron a adoptar la posición crítica de que era hora de que Estados unidos declarara la victoria sobre el terrorismo.

En mayo, la Administración Obama publicaba su primera estrategia de seguridad nacional, donde incluía muchos cambios radicales con respecto a los principios adoptados por el presidente Bush tras la ofensiva terrorista del 11-S. El principal, ignorar el polémico concepto de «Guerra contra el terror», pues, insistía, en que el enemigo no es el terrorismo o el terror, ya que el terrorismo no es más que una estrategia cruel y el terror, un estado psicológico.

Además, reflejaba el deseo de encontrar soluciones diplomáticas por encima de las militares, reconocía la precaria situación económica del país e insistía, sobre todo, en buscar respaldo más allá de los aliados tradicionales.

En agostó, el presidente Obama confirmaba la retirada de sus tropas de Irak, asegurando que el país se encontraba entonces «en los niveles más bajos de violencia que se han registrado en varios años». El Gobierno iraquí, sin embargo, le contradecía publicando unas cifras según las cuales julio se convertía en el mes con más muertes de civiles por violencia desde mayo de 2008. La situación no era favorable para la Casa Blanca, siete años después de haber invadido el país.

Tras Irak, refuerzos en Afganistán

Los últimos soldados de combate salían de Irak, pero en el documento reconocía que ignorar al resto del mundo era un lujo que no se podían permitir, considerando, además, que la amenaza de Al Qaida seguía siendo el principal enemigo de Estados Unidos.

La «Guerra contra el terror» al nuevo estilo Obama, que huye de esa definición, centró sus esfuerzos en Afganistán, donde actualmente el Pentágono libra una dura batalla en la que ha tenido que triplicar el número de soldados en la llamada «guerra necesaria» para evitar otro 11-S.

Un mensaje reiterado por el anterior vicepresidente republicano, Dick Cheney, a lo largo de la década («El enemigo que nos golpeó el 11 de septiembre está fracturado y debilitado, pero sigue siendo letal y sigue decidido a golpearnos de nuevo», en julio de 2006) y anunciado por Bush el mismo día que ordenaba el ataque selectivo sobre objetivos talibanes de Afganistán en 2001 («La única forma de buscar la paz es perseguir a aquellos que la amenazan. Nosotros no hemos pedido esta misión, pero la vamos a cumplir»), y que Obama no parece haber desterrado del todo.

Los informes de Wikileaks

¿Ha avanzado Estados Unidos desde que Bush diera luz verde a la conquista de Afganistán? Según los documentos militares difundidos recientemente por la organización Wikileaks, que han fomentado el debate sobre la viabilidad de esta guerra, Estados Unidos acumula un balance de 1.200 militares estadounidenses muertos y más de 300.000 millones de dólares gastados. Y por otro lado, los informes presentados ante el Consejo de Seguridad de la ONU insisten en un preocupante retroceso de la seguridad en el país, con un mes de julio que se ha convertido, con 66 militares estadounidenses muertos, en el mes más letal desde la invasión en 2001.

En Irak, con las tropas de combate del ejército estadounidense de vuelta en casa, sigue haciendo estragos una guerra civil sobre la que planean muchas sombras. Pero según anunció Obama en agosto, buena parte de esos 46.000 efectivos de Irak serán enviados a Afganistán para combatir la insurgencia tras unas breves vacaciones. ¿Salir de la sartén para caer en la brasas?

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