Nadie sabe muy bien cómo ni porqué razón el simpático camarero, al que vemos a menudo, se convierte en un presunto asesino. Antonio, con 30 años recién cumplidos, era muy conocido en la capital hispalense por haber trabajado en varios bares de la ciudad. Tras la barra, primero en el bar «El rincón de Juan», que dejó hace tres años, y ahora en El Greco, al lado del Polígono San Pablo, siempre tenía un comentario amable o socarrón para los hombres y un piropo pícaro o una sonrisa para las mujeres. Lee el artículo completo en ABC Sevilla.
La «desespañolización» del mercado de trabajo
EL FOCO DE ÁNGEL EXPÓSITO
Ángel Expósito



