La idea de hacer un «biopic» sobre el grupo de rock femenino que da nombre a la película parece inobjetable. Repartir los mejores papeles entre la vampírica Kristen Stewart y la siempre excelente Dakota Fanning tampoco admite discusión. A partir de ahí, podemos empezar a rebatir casi cualquier decisión sobre la cinta, incluida la idea de enviar a verla a este crítico, que quizá no supo ver lo que tenía delante.
Los nostálgicos de las Runaways podrán disfrutar con la música y el repaso de aquellos años, incluso consta la existencia de incondicionales del filme, pero el guión está mal estructurado, a las actrices el disfraz setentero les sienta peor de lo que se merecen y el retrato de los personajes peca de superficial. Floria Sigismondi ni siquiera hace alarde de su experiencia como directora de videoclips.


