Madrid

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«Nos interesa un poco de descontrol e imprevisión»

Este joven grupo nació hace nueve años en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica. La dirección de La Noche en Blanco lo ha elegido como comisario invitado de la quinta edición, que se celebrará este sábado

Día 10/09/2010
ENTREVISTA
Rubén Lorenzo
Miembro del colectivo Basurama
—¿Cómo les llega la propuesta del comisario invitado del certamen?
—Ya habíamos trabajado en otra edición con un proyecto con ropa, que funcionó muy bien a nivel de participación. El director, Pablo Berástegui, creía que podría ser interesante darle otro sentido, más cercano, con menos eventos espectaculares. Queremos superar algunas contradicciones de La Noche en Blanco, y convertirlas en elementos de juego.
—Llama la atención que hay menos actos espectaculares con respecto a ediciones anteriores.
—Casi todo es participación: tirarte por un tobogán, ser con caretas Alberto Santander —el «madrileño del año»—, generar energías colectivas... Que cada uno cree esa actividad. La calle es espacio público y es donde deben ocurrir esas cosas. La multitud puede ser algo negativo por el agobio, pero positivo porque es algo único. Nos interesaba mucho el lema «¡Hagan juego!»; no por jugar de manera literal, sino por esa buena actitud hacia el juego, redescubrir la ciudad, estar en contextos diferentes que cuando vas por Madrid para salir. Puede haber descubrimientos para los artistas y los ciudadanos.
—¿Cuáles son las contradicciones?
—Este es un evento en el que se quiere crear cultura y arte a lo grande, pero también es verdad que sólo ocurre una noche, y da un poco de rabia. Por ello queremos que los proyectos duren más tiempo, que tengan segundas vías y un legado. Aprovechar esta posibilidad y multiplicarla. Que la gente se dé cuenta de que lo que ocurre esa noche puede ocurrir otras.
—Pero no todas las noches hay en la Gran Vía un parque de atracciones.
—Claro. Existe una serie de comodidades que te da trabajar con una institución: te permite cerrar la Gran Vía, una calle muy simbólica, que, de repente, puedes convertir en otra cosa. Ésa es una de las contradicciones. La idea es generar un parque de juegos, una plataforma de relación y diversión, con elementos sacados de contexto. Tiene esa capacidad de sorpresa, jugando con las escalas, como un subibaja en el que se pueden subir varias personas; juegos colectivos; elementos de obra, grúas, contenedores, que son un guiño a los cien años de la Gran Vía, pero también cien años de obras. Ver cómo las obras pueden ser algo positivo y divertido. Es darle la vuelta a las cosas y darles un sentido irónico.
—¿La gente podrá subirse en el tobogán, los subibajas...?
—Sí. Es un tobogán hecho con tubos de obra gigantes que normalmente no vemos. Se colocan inclinados con andamios y, con un solo gesto, se convierten en otra cosa. En medio de la Gran Vía, con otra visión de Madrid.
—¿Qué aporta Madrid a las Noches Blancas, el fenómeno nacido en París? ¿Cuál es la «marca» local?
—A nosotros lo que no nos interesa es construir una marca de ciudad, porque simplifica su imagen. Madrid es mucho más compleja y rica. Existen muchos flujos de gente, de niveles. Te puedes encontrar distintos conflictos que están ahí presentes. Hace que Madrid sea más rica que otras ciudades que tienden a vender una marca.
—¿La riqueza de Madrid es su falta de identidad, entonces?
—O sus múltiples identidades. Puedes salir por Malasaña, por Chueca, por Castellana, y encuentras tu hueco... Hay todo ese tipo de riqueza. Por eso hemos querido romper esa imagen simplificadora de Madrid.
—¿Qué es lo que habéis querido salvar de ediciones anteriores?
—La actitud lúdica y divertida de redescubrir la ciudad es uno de los aspectos interesantes para nosotros, no sé si con respecto a otras ediciones, porque sólo hemos tenido un proyecto muy concreto en una. Somos arquitectos, y el contexto urbano, el espacio público, lo tenemos muy presente. Es un proyecto muy urbano. Por ejemplo, la plaza de la Luna se va ablandar, se va a poner verde, generando no ese aspecto duro que se está haciendo en las plazas de Madrid, sino convirtiéndolas en puntos de encuentro que van más allá del «botellón». Es un contexto diferente. La Noche en Blanco como un laboratorio de pruebas, un urbanismo probeta.
—¿Creéis que vuestra edición es la más experimental?
—Más ciudadana. Más de prueba. Porque no son proyectos cerrados. No sabemos qué va a pasar en muchos casos: no tenemos ni idea de cómo va a reaccionar la gente cuando se llene la plaza del Dos de Mayo con pelotas. Esa falta de previsión y ese poco de descontrol es lo que nos interesa. Si no, podría perderse espontaneidad.
—¿Cómo sienta tener una ciudad al alcance de tu mano? Por una noche, Madrid va a ser de Basurama.
—Como madrileños, es una cosa que nos motiva y nos asusta. Tienes una posibilidad de cortar la Gran Vía y hacer algo en ella. Es una sensación extraña. Una oportunidad no sólo para nosotros, sino para los artistas a los que invitamos a reinventar la ciudad.
—¿Atraerán a un público distinto?
—Creo que sí, a lo mejor. La gente puede ir con una actitud más activa.
—¿Con qué proyecto os quedáis?
—Hay uno de poesía militar en Cibeles que merece la pena. También «Poesía de los problemas concretos» y pasear por Tetuán y redescubrirlo.
—¿Cómo va a vivir Basurama La Noche en Blanco?
—Empezaremos en el parque de las Tetas (Vallecas) y veremos atardecer.
—¿Con qué mentalidad hay que ir?
—La de salir a divertirse y a redescubrir Madrid. Es lo necesario para que se desencadenen encuentro y vida, y esa fiesta de la ciudad, del espacio público, más que del arte.
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