Economía

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La falsa solución

Día 09/09/2010
Como consecuencia del recuerdo de los modelos defendidos por Keynes tras la Gran Depresión, surge la tentación de emplear un caramelo muy fácil de tomar: aumentar la demanda interior. Pero he aquí que el problema español, persistente además, es que tenemos un reto notable, no de demanda, sino de oferta. Porque nuestra crisis se debe esencialmente a que hemos montado un aparato productivo carente en su conjunto de competitividad internacional, al mismo tiempo que también creábamos una economía extraordinariamente abierta al exterior. Ambas cosas no pueden coexistir, y si se intenta, como se hizo con fuerza, desde 2004 a 2007, se logra tal cohabitación gracias a un endeudamiento exterior colosal, porque el ahorro interior no es capaz de financiarlo. Y si espantamos las inversiones a largo plazo, las IDE, con medidas como el impuesto de sociedades o la realidad del mercado de trabajo, el panorama empeora. Por tanto, si aumenta el consumo, el endeudamiento exterior por fuerza crece, al proyectarse desde una economía abierta.
Por supuesto que el corte del consumo repercute sobre el sector servicios y sobre el empleo. Pero la salida es el incremento de la renta de los españoles gracias a crear actividades de bienes y servicios fuertemente competitivos en otros mercados. Cabe la posibilidad de renunciar al progreso, cerrando nuestra economía, y levantando unas barreras al grito de ¡Vivamos con lo nuestro! Y lo nuestro creó, cuando se intentó, con un mercado como el español, desde Cánovas del Castillo en 1892 hasta que se comenzó a liquidar con el Plan de Estabilización de 1959, todo un conjunto de «males de la Patria» para coger el título del libro de Lucas Mallada que señalan que ése, el de aumentar el consumo ahora obligadamente y separarnos de la competitividad, es el camino de la decadencia económica de España. Y ¡ojo! Keynes, ya en su «How to pay for the war?» señaló que él no era partidario, precisamente en realidades como las que vivimos ahora en España, de que la medicina de aumento del consumo interior fuese otra cosa que una droga euforizante y catastrófica al final. Confirma esta actitud Hayek, relatando las duras palabras de Keynes sobre algunos de sus seguidores, en el tomo «Hayek sobre Hayek (Un diálogo autobiográfico)» (Unión Editorial, 2010). Convendría que se releyesen.
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