Ser heredero al trono y verde tiene sus problemas. Nadie duda en el Reino Unido que el príncipe Carlos es sinceramente proecologista pero la gira de cinco días que inició en un tren por el Reino Unido para promover un «futuro sostenible» quedó empantanada por el costo, el lujo y la fastuosa duplicidad de la campaña.
El príncipe inició la gira el lunes en Glasgow predicando la «conducta verde», sea con el uso de pañales tradicionales o medios de transporte menos contaminantes como la bicicleta. Este mensaje de sacrificio personal en aras del bien común se da de patadas con el gran comedor, estudio privado, habitación-dormitorio con dos camas y cuarto de baño que gozará el príncipe Carlos en su tren de ocho vagones para 14 pasajeros. Se calcula que el coste de la gira ascenderá a unas 50.000 libras esterlinas (60.000 euros), en un momento en que el Reino Unido espera con temor el anuncio oficial del 20 de octubre sobre las cabezas que rodarán con los recortes fiscales bosquejados en el presupuesto de emergencia.
«The Guardian» dice que es un tren digno de un oligarca
En defensa del príncipe Carlos, su asesor en temas medioambientales, Tony Juniper señaló que el príncipe Carlos quiere proyectar su «exitosa» campaña de concienciación de líderes mundiales y empresarios al ciudadano común y corriente. «Se necesita un cambio cultural y el apoyo del público. Por medio de «Start» lo estamos logrando», señaló Juniper. Como parte de su campaña, un grupo de celebridades televisivas inician hoy un festival de 10 días de sostenibilidad en las mansiones
reales de Clarence House, Lancaster House y Marlborough House. Entre las actividades que se harán, los asistentes podrán practicar reciclaje haciendo bolsas con las viejas cortinas del príncipe y admirar una exhibición de eco-automóviles.
Un libro de Carlos en otoño
El príncipe viene hablando de la conservación de la naturaleza o de la arquitectura hace tiempo. En un libro que publicará en el otoño como parte de la campaña «Harmony», Carlos da su visión sobre el medio ambiente. «Me imagino que estoy en la posición en que estoy por un propósito definido», señala en el libro.
Según los especialistas británicos en temas monárquicos, esta búsqueda de un «propósito» es una vieja obsesión del príncipe: el problema es que no logra sintonizar con la gente. Una maestra que presenció un evento de la gira, Nicky Coles, ironizó en «The Guardian» sobre la campaña. «Pertenece a la realeza, tiene el dinero para ser verde, para que su jardinero le plante todo orgánico mientras el hombre común y corriente tiene que hacer las compras en el supermercado», señaló.








