El ministro de Trabajo, en sus últimos suspiros en el cargo, estima que tardaremos tres años en recuperar los niveles máximos de empleo: los del segundo trimestre de 2007 cuando el número de activos rozaba los 21,5 millones, los parados no llegaban a 1,8 millones (8%) y los cotizantes a la Seguridad Social se acercaban a los 19,5 millones. Es una visión optimista, de manera que ¡ojalá acierte!
De entonces a acá, la sociedad española ha perdido dos millones de activos, otros tantos cotizantes y ha ganado dos millones de parados. El peor momento del empleo se produjo en el primer trimestre de este año. Desde entonces se nota una recuperación leve, pero no una recuperación consistente.
Los primeros cientos de miles de empleos recuperados se han producido en los cuatro últimos meses, desde marzo, pero a ritmo cada vez más lento. El arranque suele ser firme, pero luego llega la fatiga de la cuesta. Por eso la previsión del ministro es optimista: recuperar dos millones de puestos de trabajo en tres años exige alcanzar tasas elevadas de crecimiento en los próximos trimestres, y para ello hacen falta reformas de calado que no parecen posibles en el actual panorama político y social.
La economía española tiene que recuperar productividad efectiva, ajustar costes, ganar mercados, mejorar cuotas de exportación… lo que requiere tiempo, maduración, reconstrucción de confianza. Lo relevante ahora es parar la destrucción y sentar bases para una recuperación que dure. Es decir… mucha tela.










