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El problema continúa

Análisis
Las rupturas matrimoniales descendieron un 10,7% el último año, un dato que para los expertos tiene que ver con los tiempos difíciles
que estamos viviendo

Día 07/09/2010
La unidad familiar ha vuelto a ser el tesoro mejor guardado de muchos matrimonios españoles que con la crisis económica han optado por no mudar ni de casa ni de estado civil. Así lo confirman los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) hechos públicos ayer, en el que por tercer año consecutivo se percibe una considerable caída en el número de rupturas matrimoniales.
En 2009, el número de parejas que dicidió poner fin a su convivencia disminuyó en un 10,7%, casi 13.000 menos que las regisstradas en 2008. La duración media de estos matrimonios fue de 15,6 años, la misma que en el año anterior y el 64,6 por ciento fue de mutuo acuerdo. El perfil de los matrimonios disueltos tampoco ha sufrido grandes variaciones en los últimos años. La mitad tenía hijos menores de edad (53,6%), y la franja de edad de los cónyuges, la mayoría de nacionalidad española (87,2%), se situó entre los 40 y los 49 años.
Según el INE, los divorcios siguen representando además la opción preferida de los matrimonios en conflicto, alcanzando el 92,7% de los casos, seguido de las separación (7,2%); y la nulidad (0,1%). La custodia de los hijos también sigue recayendo en la madre (84%), aunque el padre va ganando poco a poco posiciones en el cuidado de los niños tras la ruptura de la convivencia, al aumentar un 1,6% con respecto al año anterior.
«Cuando la persona atraviesa dificultades y le empiezan a fallar otros mundos, como su trabajo o la situación económica, vuelve a tomar contacto con la realidad básica y se da cuenta de que la familia es lo que tiene realmente», explica José Miguel Cubillo, piscólogo y presidente de la Asociación Aula Familiar. Desde hace años, este arquitecto y orientador familiar «entrena» a los matrimonios en la resolución de conflictos y toma de decisiones. Su experiencia en este campo le ha demostrado que el apoyo familiar sigue siendo «potentísimo» en nuestro país y una de las razones por las que las personas deciden no divorciarse en épocas de grandes incertidumbres económicas. «Cuando la persona se encuentra que tiene que luchar por lo esencial deja de dedicar tiempo libre y dinero a cosas que dificultan la convivencia familiar», afirma Cubillo.
Apuesta por la estabilidad
En tiempos difíciles, el ser humano se arraiga con fuerza a aquellos elementos de su vida que le dan estabilidad, «se vuelve menos osado y tiene más reticencias a empezar de cero, aunque tenga problemas en sus matrimonio, el temor a perder todo aquello que les da seguridad, principalmente económica, se vuelve un aliciente para luchar por su matrimonio», explica la psicóloga, María Jesús Álava Reyes, quien asegura que su gabinete ha incrementado el número de consultas por conflictos de pareja en un 20% este año.
En los cursos de orientación familiar, por los que pasan más de 3.000 parejas al año, Cubillo aprecia una preocupación cada vez más creciente de los cónyuges por todo lo que tiene que ver con el amor matrimonial. «Hace diez años —apunta— venían interesados por cómo educar mejor a los hijos o tratar algún problema de comportamiento pero en los últimos años se ha multiplicado por tres el interés por cómo cultivar la relación de pareja».
La crisis, sin embargo, no es la única causa del freno de los divorcios. Un ambiente cultural que valora cada vez más la estabilidad familiar está también ayudando a reducir esta imagen del divorcio como la panacea de las soluciones a los conflictos de pareja. «La experiencia social, todos conocemos a alguien que se ha divorciado, hace que la persona se lo piense mejor antes de romper», señala Cubillo, quien recuerda que la probabilidad de fracaso en una segunda o tercera nupcias es un 10% mayor al primero. En esta línea, se manifesta Álava Reyes, autora del bestseller«Amar sin sufrir». Para la psicóloga, el entorno es decisivo en la lucha por salvar el matrimonio. «Es habitual que entre sus conocidos existan casos de divorciados, cuya nueva vida no haya sido lo que ellos esperaban, esta falta de confianza en que lo que les depare la ruptura no sea mejor es más evidente entre los cónyuges de 40 y 50 años», asegura.
Pese a los buenos datos revelados por el INE, el presidente del Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia-The Family Watch, Ignacio Socías, alertó que las cifras «son incompletas» y pueden inducir a una conclusión errónea. Según explicó, «no tenemos el dato de cuántos matrimonios se produjeron entre 1993 y 1994 que fue cuando se celebraron los casamientos de las personas que se divorciaron el año pasado». «Con respecto a esa cifra ¿podemos hablar en términos proporcionales de un descenso?», se preguntó el abogado, quien, además, aseguró que «si el número de divorcios depende de unos euros algo muy importante esta fallando en la sociedad».
El presidente del Instituto de Política Familiar (IPF), Eduardo Hertfelder, precisó que este paulatino descenso se debe a que en 2005 y 2006 se registró un incremento espectacular de los divorcios debido a las grandes bolsas de expedientes que se acumulaban en los juzgados. «La entrada en vigor del divorcio exprés en 2005 provocó que esa bolsa se terminase en 2007».
Los datos del INE reflejan una caída respecto al año anterior. A primera vista parece un buen dato. Sin embargo, con un análisis más profundo no lo es tanto. Si bien las rupturas en bruto han bajado más de un 10,7%, los matrimonios han bajado todavía más: un 11,1%. Ha habido, por tanto, más rupturas por cada nuevo matrimonio, y España se encuentra junto con Bélgica, Hungría y Luxemburgo entre los países con peor tasa de la UE. Por otra parte, hay que tener en cuenta que una parte de los divorcios corresponden a matrimonios ya separados en años anteriores (un 17,1%). Este porcentaje baja cada año. Teniendo esto en cuenta los matrimonios rotos realmente en el año habrían bajado un 6,3%. En cualquier caso, la tasa de rupturas sigue siendo descomunal, y si sumamos los hijos con los cónyuges, más de 300.000 personas vieron directamente truncado su proyecto vital durante 2009.
Es, pues, el principal problema de las familias españolas y por tanto de la sociedad. En los últimos 10 años la población separada o divorciada ha crecido un 146% y ya son 1,76 millones de personas. Y frente a él, sólo se oye periódicamente la triste estadística. Mientras tanto, ni el gobierno ni la oposición hacen una sola propuesta o iniciativa para acabar con esta terrible lacra social.
Es necesario y urgente atacar este problema, poner medidas preventivas: apoyo y orientación a los matrimonios en crisis, ayudas a la familia, un consenso social y mediático que apoyara a los matrimonios, etc. De momento no hay nada de esto y el problema continúa agravándose…
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