La denominada «izquierda abertzale» tiene en la recámara el proyecto para la constitución de un nuevo partido que apueste por las «vías exclusivamente políticas» e incluso rechace el recurso a la «violencia» como instrumento para conseguir sus objetivos, e intentará llevarlo a la práctica en el caso más que previsible de que las futuras artimañas de ETA no consigan colar a Batasuna en las elecciones.
El nuevo partido no condenaría a ETA, pero rechazaría la violencia
Este «Plan B» responde a la necesidad imperiosa que tienen los Arnaldo Otegi, Díez Usabiaga y Rufino Etxeberría de concurrir a la cita con las urnas. Precisamente esta urgencia es lo que ha empujado a Batasuna en los últimos meses a hacer política, «no en contra de ETA, pero sí al margen de ETA». Para ello se ha aprovechado de la debilidad de la banda terrorista y del desmantelamiento de Ekin —órgano que sustituyó a KAS para controlar con «comisarios políticos la estrategia de la «izquierda abertzale»—.
Fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC conocen los pasos que los dirigentes «batasunkides» están dando en esta dirección y están convencidas de que incluso tienen preparados unos estatutos, que incluirían una declaración de intenciones sobre la «apuesta por las vías exclusivamente políticas» que, de hecho, ya se recoge en la ponencia «zutik», aprobada en el debate interno llevado a cabo a finales del pasado año, así como en la oferta de Alsasua, difundida en otoño, y en el acuerdo básico alcanzado con EA. Los mismos medios consideran que el nuevo partido no condenaría expresamente a ETA, pero sí acuñaría términos como «rechazo» o «reprobación» de todo recurso a la violencia como medio para alcanzar fines políticos.
La nueva formación no podría entenderse como una «lista blanca» de Batasuna, ya que llegado este punto a la «izquierda abertzale» le interesa aparecer sin máscaras ni subterfuigios. Esto es, irrumpir en la escena de la política vasca como los «herederos» de Batasuna, pero ya dentro de un «nuevo ciclo político» en el que hay que apostar por vías exclusivamente democráticas y pacíficas. Además, los «batasunkides» son conscientes de que han agotado la estrategia de las listas trampa, porque ya no cogen por sorpresa al Gobierno y, mucho menos, a las Fuerzas de Seguridad.
El Gobierno intentará «tumbar» las listas de la nueva formación
De esta manera, en el caso de llevarse a cabo el nuevo proyecto, al frente del partido constituido figurarían personas directamente vinculadas a Batasuna, pero que en estos momentos no tienen causas pendientes con la Justicia, como por ejemplo Jone Goiricelaia, a la que, junto a Íñigo Iruín, se le atribuye un papel destacado en la nueva estrategia de la «izquierda abertzale». Gente tienen, también entre los batasunos que se prestaron a ir en las candidaturas de ANV en las últimas elecciones municipales. En este sentido, se recuerda que según el Tribunal Supremo, la antigua pertenencia de una persona a un partido ilegalizado no contamina la formación a la que pueda incorporarse siempre que esta cumpla en sus estatutos con los requisitos legales.
Pero no podrían aparecer en calidad de impulsores dirigentes como Arnaldo Otegi, Joseba Permach, Rafael Díez Usabiaga, Pernando Barrena, Karmelo Landa, o el emergente Txelui Moreno, que se encuentran bien en prisión, bien en libertad provisional a la espera de juicio. Tampoco Rufino Etxeberría pese a que tras su excarcelación, es uno de los impulsores de la nueva estrategia y participa en actos públicos, como el que acogió la firma del acuerdo con EA, ya que también tiene causas pendientes con la Justicia. No obstante, trabajarían desde la sombra.
La «izquierda abertzale» estaría aún dentro de plazo para constituir un nuevo partido al margen de ETA y presentarse con él a las próximas elecciones municipales. Cuestión aparte serían los ritmos y calendario que se imponga y su afán por intentar antes arrancar a la banda criminal un gesto que al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero le parezca suficiente. Porque tampoco se puede descartar que que de cara a los comicios locales los Otegi y compañía intenten concurrir bien con una candidatura blindada por la legalidad de Eusko Alkartasuna, aprovechando el acuerdo alcanzado para un frente soberanista, bien con una plataforma surgida al amparo de la «Red Independentistak», enésimo foro impulsado en este caso por Txutxi Ariznabarreta, un hombre de confianza de Rafael Díez Usabiaga.
Ley de partidos
Fuentes solventes consultadas por ABC afirman que el Gobierno es muy consciente de esta operación y que su intención es «tumbar» las listas de ese nuevo partido. No obstante, el Ejecutivo sabe que el margen de actuación en este campo es ya muy pequeño y considera que si se presenta una nueva formación en la que los candidatos están «limpios» y que hace un rechazo de la violencia, aunque sea de forma genérica, será muy difícil ilegalizarla.
De hecho, la reforma de la ley de partidos es, en buena medida, la respuesta ante esta dificultad. Esa reforma prevé, entre otras medidas, la posibilidad de expulsar de las instituciones a los cargos electos que formen parte de partidos políticos declarados ilegales con posterioridad a las elecciones. Los electos tendrán que cesar sus cargos pasado quince días desde que se les comunique la causa de «incompatibilidad sobrevenida», pero podrán continuar en su cargo si expresamente declaran rechazar las causas que han motivado la ilegalización de su partido.




