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Noticias sobre las economías autonómicas

Día 06/09/2010 - 09.30h
La cercanía de las elecciones autonómicas exige aclarar la realidad económica regional española, porque, aumentada la tensión por la formidable crisis económica que nos golpea desde junio de 2007, van a emplearse sus cifras sobre todo del PIB y de la Renta, como armas arrojadizas dentro de pocos meses.
Existe, evidentemente, una espléndida fuente para trabajar estas cuestiones. Se trata de la publicación Balance económico regional (Autonomía y provincias), que periódicamente ofrecen Julio Alcaide y Pablo Alcaide desde el gabinete de estadística regional de Funcas. En Cuadernos de Información Económica, junto con otros especialistas; se ofrecen siempre adelantos de estos análisis. Aparte de ello, y también relacionado con la economía regional española, a Julio Alcaide se debe la continuación de los trabajos para la localización del centro de gravedad de la economía española iniciados por Ramón Tamames. Por eso asombra un poco que Vicente Rodríguez Nuño, en el artículo reciente y de cierto interés, «Crecimiento, desarrollo y convergencia de las comunidades autónomas en el periodo 2000-2009», publicado en el Boletín económico de Información Comercial Española, en su valiosa y bastante amplia bibliografía, no menciona ninguno de los trabajos de los Alcaide. Por supuesto, tampoco menciona los trabajos seminales de Perpiñá Grau, que enlazan con la gran aportación de Lösch sobre el fenómeno de la localización de la actividad económica.
Pero dejando aparte eso, en cuanto se contemplan en ese estudio de Rodríguez Nuño las cifras del PIB por habitante (PIB pc) de España para 2009, ofrecidas por el INE, se confirma que en España existen dos regiones lógicamente privilegiadas. Ese año existían ocho comunidades autónomas por encima de la media nacional del PIB pc. Confirman así una vieja afirmación de Fabián Estapé, sobre el papel esencial que en el desarrollo económico español, al estar enlazado directamente con Europa, tiene el gran triángulo centrado en el Valle del Ebro, situado entre la cordillera Ibérica, los Pirineos y la costa cantábrica hasta Santander, y al Este, la costa mediterránea catalana. Efectivamente de esas ocho, seis de las economías con más alto PIB pc que la media española, son, de mayor a menor, el País Vasco, Navarra, Cataluña, La Rioja, Aragón y Cantabria. De algún modo, dado que el transporte marítimo es más barato que el terrestre, ese triángulo se proyecta con claridad hacia Baleares, que en su PIB pc se sitúa entre Aragón y Cantabria.
Pero existe otra región con un peso muy grande en España: Madrid, que en el conjunto español de esta macromagnitud ocupa el puesto segundo, tras el País Vasco. Esta ventaja de Madrid, que en el hexágono de Lösch-Perpiñá centra los vértices de alta actividad local de Barcelona, Valencia, Sevilla, Lisboa, Vigo y Bilbao, se debe a encontrarse en la Villa y Corte el centro de las decisiones políticas desde Felipe II; también el de las comunicaciones y transportes, desde Felipe V –Reglamento de Postas-, sin olvidar la acción de los políticos ilustrados y sus planes de carreteras, ni el sistema ferroviario desde el Bienio progresista del reinado de Isabel II, ratificado todo, a pesar de las críticas previas del Informe del Banco Mundial a esta concentración de transportes y comunicaciones en Madrid, con la política de Álvarez Cascos y el papel creciente del aeropuerto de Barajas. Agréguese que dentro del sistema financiero mundial globalizado, el peso del mercado madrileño es creciente y que una excelente política económica desarrollada, sucesivamente, por Gallardón y Esperanza Aguirre, ha afianzado esta posición.
En 1995, momento final del Gobierno González, el PIB pc por encima de la media de España lo tenían, de mayor a menor, Baleares, Madrid, Navarra, Cataluña, La Rioja, País Vasco, Aragón y Comunidad Valenciana. En 2003, momento final del Gobierno Aznar, el orden era Madrid, Navarra, País Vasco, Baleares, Cataluña, La Rioja y Aragón. En 2009, por encima de la media española está, ordenadas de mayor a menor, País Vasco, Madrid, Navarra, Cataluña, La Rioja, Aragón, Baleares y Cantabria.
La única política regional posible para alcanzar una mayor convergencia es crear redes de transportes y comunicaciones que, como es el caso de lo que deben hacer Galicia, Asturias, Castilla y León y Comunidad Valenciana, enlacen con este triángulo del Ebro y simultáneamente con Madrid. A corto plazo, intentar enlaces solo con Madrid o con el exterior, sí puede impulsar algo, pero menos que en el caso de esta doble vinculación. Los problemas, tan puestos de actualidad a partir de Aschauer, y en España por estudiosos relacionados con el profesor Rafael Flores, como es el caso de Carolina Cosculluela, sobre la necesaria búsqueda de la rentabilidad en las construcciones de infraestructuras de transportes y comunicaciones muestran que, España no puede permitirse, y más en momentos de crisis, que surja de nuevo, en relación con infraestructuras la frase famosa de Perpiñá Grau, sobre «los millones muertos, esparcidos» por la superficie española sin fruto alguno. Surge así una explicación económica racional de aquella afirmación de Valle Inclán: «Sí, hay dos Españas, las que están por encima o por debajo del Tajo». Es muy duro, pero cuando hay agobios presupuestarios, aún se ratifica más.
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