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La paz en la manga de Barack Obama

El nuevo proceso de negociación: ¿jugada maestra o teatro diplomático?

Día 06/09/2010
El arranque en Washington de las primeras negociaciones directas de paz entre israelíes y palestinos en veinte meses ha sido seguido con expectación, incluso por los más escépticos sobre la posibilidad de que nada cambie en Oriente Próximo. El mundo trata de adivinar si realmente Obama tiene un as en la manga, un arma secreta para triunfar donde todos antes que él han fracasado, o si todo esto es puro teatro diplomático. Las perspectivas inicialmente no son buenas. A la mesa no se han sentado interlocutores clave como Hamás o Arabia Saudí; el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbás, está contra las cuerdas y los equilibrios políticos en Israel son inestables.
Además, la apertura de la partida tiene todos los elementos y todas las resonancias de un déjà vu. Es como si fuera el proceso de paz de Bill Clinton, segunda parte: insistencia en las conversaciones directas y en el papel arbitral de Estados Unidos, e insistencia en el efecto dominó que este conflicto tiene en todas las líneas de diente de sierra de la región. Sacudir los vasos comunicantes que conectan Palestina con Irak y sobre todo con Irán.
Las similitudes son lógicas teniendo en cuenta que quien está al frente del proceso es la ex primera dama y actual secretaria de Estado, Hillary Clinton. Los optimistas creen que esto aporta más ventajas que el mero continuismo. Si algo caracteriza a Clinton es su capacidad casi camaleónica de digerir y procesar sabiduría política. Su capacidad de aprender de los errores. Propios y ajenos.
Por ejemplo: uno de los posibles errores garrafales del intento de paz de Bill Clinton es que jugar la carta de los vasos comunicantes es peligroso si no se tienen garantías absolutas del resultado. Del mismo modo que un conflicto puede mejorar porque mejoran otros, se puede pudrir porque otros se pudren. La Casa Blanca entonces vio la botella medio llena y no sopesó las consecuencias de que el fracaso de aquellas negociaciones empeorara más otros
problemas. Hay quien dice que esto no va a volver a ocurrir porque esta vez se parte de la curiosa ventaja de que algunas cosas es difícil que empeoren. Es difícil que la situación en Irak sea más inestable. Es difícil negar que Irán acabará teniendo la bomba atómica y la capacidad de usarla contra Israel.
En el sector optimista se alinean los que creen que Benjamin Netanyahu es muy consciente de que esto supone la mayor amenaza para el futuro de Israel, lo que le habría impulsado a entrar de lleno en el tablero de póquer de la Casa Blanca. Una Israel en paz que sale de la espiral del aislamiento internacional y en cambio empuja a Teherán a esa misma espiral. Pero, sobre todo, estaría el posible trueque de hacer a la Casa Blanca el inmenso regalo del fin del conflicto a cambio de que Washington no vacile en bombardear las plantas de producción nuclear iraníes, si es preciso.
¿Demasiado bonito para ser verdad? Los que mantienen la esperanza llaman a fijarse en un detalle. Los presidentes norteamericanos suelen intentar la paz en Oriente Próximo en el tramo final de su mandato, cuando no tienen mucho que perder. Obama se ha atrevido a plantearlo antes incluso de optar a la reelección.
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