Un terremoto de 7,1 grados en la escala de Richter sacudió en la madrugada del sábado Christchurch, la segunda ciudad más importante de Nueva Zelanda, y otras áreas del sur de la isla. No hubo que lamentar ninguna muerte, pero varias decenas de personas resultaron heridas —dos de ellas de gravedad— y numerosos edificios e infraestructuras públicas como postes eléctricos o carreteras quedaron seriamente dañados. El terremoto, ocurrido a las 4:35 de la mañana hora local (18:35 del viernes en España), tuvo su epicentro a 31 kilómetros al noroeste de Christchurch, en la isla sur del país.
El gobierno de Nueva Zelanda declaró el estado de emergencia e impuso el toque de queda en la ciudad durante doce horas, a partir de las siete de la tarde del sábado. La Policía desplegó unos cien agentes en los barrios más afectados por el seísmo para garantizar la seguridad ciudadana. El primer ministro, John Key, declaró que estaba resultando difícil «mantener la tranquilidad entre los ciudadanos tras el violento temblor», además de «algunos lamentables casos de saqueo». «Es un milagro que nadie perdiera la vida», declaró Key, quien se desplazó a la zona afectada para supervisar los daños y la labor de los equipos de emergencia. Según el político, el coste inicial de los daños se estima en unos 2.000 millones de dólares neozelandeses (1.100 millones de euros), aunque aseguró que se tardará meses en conocer la cifra exacta.
Ni luz, ni agua, ni móvil
El terremoto destrozó varios edificios y dejó sin electricidad y suministro de agua a varias zonas de Chirstchurch —en la que viven unas 350.000 personas—. Las autoridades ordenaron evacuar el aeropuerto y la red de telefonía móvil se saturó debido al alto número de llamadas telefónicas efectuadas por la población. En las horas siguientes al fuerte temblor —el mayor ocurrido en el país en los últimos 70 años—, se sucedieron hasta 29 réplicas, según datos de la agencia nacional de geología GNS Science.
Nueva Zelanda, situado entre las placas tectónicas Pacífica e Indoaustraliana, sufre cerca de 14.000 terremotos cada año, de los que alrededor de veinte superan los 5 grados de magnitud.




