ENTRE las perlas que continuamente los ofrece el presidente del Gobierno está las de su viaje a China y su negociación de los presupuestos. Se llevó la Copa del Mundo que la selección ganó sabiendo competir y teniendo cabeza, paciencia y técnica para mantener un resultado, esta vez la razón dominó al corazón. Ni se dejaron llevar de los agoreros de siempre y ni por los entusiastas que ven todo fácil y hecho en los primeros pasos. Y se ha llevado la Copa como responsable del deporte para presumir de un éxito que no es suyo, sino de todos. Pero además, ha comparado en China la mal trecha economía española con Miguelín, un bebé que está causando sensación entre los miles de visitantes a nuestro pabellón. Y, por si no fuera suficiente, se ha ofrecido a mediar para facilitar visados y entradas de chinos a Europa. Pero la osadía ha llegado al extremo de igualarse con Japón. Compararnos con Miguelín es triste, e indica que no tiene mucho que ofrecer o argumentos que dar para convencer a un país que está procurando asentarse en la economía liberal capitalista, unas veces comprando empresas importantes, otras formalizando cuantiosas inversiones, otras creando empresas mixtas que operan de una forma global. ¿Qué se le puede ofrecer a los chinos? Pues por ahora no tenemos más argumentos que la cultura y el golf. Un turismo cultural que está muy alejado de sus parámetros intelectuales. El golf porque disfrutamos de muchos días de sol y espléndidos campos. Es triste reducir España a esta oferta. Si eso es lo que podemos ofrecer a más de mil cuatrocientos millones de habitantes, vamos mal, pero no que muy mal. Porque lo que quieren los empresarios y los inversionistas chinos son empresas que comprar o en las que invertir, un modelo económico que les permita ganar dinero, conseguir mejorar los beneficios del capital invertido y tecnología de última generación que puedan aplicar a su proceso productivo para ofrecer al mercado productos de alta calidad y a precios competitivos.
¿Tenemos todo esto? Quizá no si nos comparamos con otros países de la UE, de nuestro entorno geográfico y económico, pero podemos ofrecer, si se realiza una oferta atractiva lugares donde invertir y empresas en las que aprender tecnología.
No sé si la presencia del Presidente ha supuesto un impulso a las relaciones económicas entre España y China, pero me temo que no ha servido para mucho porque tampoco hemos ofrecido nada más allá de una Copa del Mundo que ha sido captada por miles de cámaras digitales japonesas o coreanas, ninguna de tecnología española, y una comparación con un muñeco que puede provocar una sonrisa en el momento, pero no es fácil entender la comparación ni obtener una información precisa sobre el presente y el futuro de la economía española. Y lo de negociar con la oposición al Gobierno Vasco las transferencias eso sí que es políticamente cuadrar el círculo. Es decir, hacer un hierro de madera.
NO hace mucho escribí aquí que el personal estaba harto y que ya no aguantaba cuatro años más de interinidad ni con la espiga ni con el alcornoque. Me refería a la existencia de unas cajas de ahorro como las que tenemos que sólo representan a los impositores por el mango del cazo que sujetan. Ejemplo práctico de interés compuesto: yo mismo llevo desde el mes de abril cinco meses con sus días y respectivas noches intentando que una directiva cultural de Caja Burgos, con mando en plaza en Valladolid ¡Santiago y cierra España!, me reciba para exponerle, dulcemente, un proyecto cultural. La señorita o señora en cuestión, protegida del presidente Arribas, ni siquiera se ha dignado en devolver las llamadas. Quizás a la doña le ocurra como a esas dueñas compuestas que cerca del mando nunca dan respuesta. Pues nada, hija, si es así, cuida bien ese paño y quiera Dios que te dure un año.
El escándalo de unos presidentes y de unos consejeros repartiéndose créditos millonarios a costa de los impositores estaba acabando con las pocas fidelidades de unas cajas politizadas y sindicadas hasta el corvejón. El descrédito, por tanto, había entrado a espuertas por el desguace de la opinión pública, y a la gente le daba exactamente igual que se fusionaran con el Duero o con el Trabancos o que se abrazaran apaciblemente con el osito gominolas, olas, olas... El reciente decreto anunciado por el ejecutivo de Juan Vicente Herrera —y repito una vez más que se nota a la legua que el Presidente de Castilla y León no tiene hijos que mantener ni sobrinos pensionados da jaque mate al carrusel sostenible de las cajas de ahorro en Castilla y León.
Es tan contundente el decreto de la Junta que la zangarriana de la apatía, que tanto agita Óscar López en bicicleta para sacudir la modorra del estío mesetario, se ha ido directamente por el vertedero. Esa disposición que pretende reducir la presencia de políticos y sindicatos en los consejos, eso de endurecer las incompatibilidades, y eso de cerrar el paso para ejercer cargos directivos en la entidad de ahorro a todo aquel que tenga un préstamo pendiente con la misma, supone una garantía de transparencia. Y es tan higiénico que restaura ante todo el principio de equidad que debe aplicarse al último de los impositores, como exigían, como ejemplo, los fundadores de vieja Caja de Ahorros Popular.
Ayer se refería en ABC que los sindicatos de Castilla y León, cómo no, han puesto el grito en el cielo porque, según aprecian los entendidos financieros, el decreto no llega al fondo del asunto. ¿Que no llega al fondo del asunto? Ya decía a este respecto el gran Horacio que la virtud siempre debe ponerse después que el dinero. O no se enteran los cantantes de la Internacional de Rodiezmo en versión flamenca o están tan encoñados que ni siquiera sienten las coces de la yegua. Comprensible: cuesta tanto renunciar a los privilegios de estas cajas asilvestradas... Esperemos que las Cortes regionales convaliden sin dilación el decreto y den feliz matarile a esta farsa.










