Anna María Agustí —es decir, Nina— se metió en la piel de Donna, la protagonista del musical «Mamma Mia!» hace ahora seis años y no se lo ha quitado en este tiempo salvo en vacaciones y en los paréntesis de la gira del espectáculo. La semana que viene, la artista gerundense sacará de nuevo el traje de licra blanco del armario para volver a ponérselo en Madrid. «Mamma Mia!» regresa el próximo miércoles, esta vez al teatro Coliseum, y Nina, como no podía ser de otro modo, estará allí. «Hace seis años, los periodistas me preguntabais si el musical tendría el mismo éxito que en Londres o Nueva York. Pues aquí está la respuesta. Así que es emocionante estar aquí seis años después. Sé que va a repetir mucha gente. Me consta porque recibo mensajes, porque lo veo en las redes sociales... La gran mayoría del público va a ser gente que ya nos ha visto. Es una obra para ver varias veces porque sales del teatro con una energía vital, con una sensación de que puedes con todo, de que hay que vivir y aprovechar cada segundo... Y eso no lo digo yo, lo dice el público».
No duda Nina cuando se le pregunta si ella es muy distinta de la que llegó al barco de «Mamma Mia!» hace seis años. «Sí, sí; básicamente tengo más arrugas y más canas», ríe. Ya en serio, «el hecho de estar seis años en la misma producción, con más o menos los mismos compañeros, con el mismo vestuario, el mismo personaje y los mismos hábitos, hace que los cambios que uno tiene sean más evidentes. Puede parecer asombroso, pero yo todavía le encuentro cosas y matices al personaje», concluye la artista.
Cuando se estrenó en España, hace seis años, «Mamma Mia!» era un fenómeno teatral que se convirtió poco después en cinematográfico. La película protagonizada por Meryl Streep ha supuesto, contrariamente a lo que a menudo sucede, un impulso para el musical. «La función teatral ya estaba muy asentada y no había por qué temer que el éxito decayera; lo que ha hecho la película es traer a un público nuevo, a los
niños. Ellos son ahora a menudo los que traen a sus padres al teatro. Y su reacción es brutal, se ríen en lugares distintos de los mayores».
Aunque el grupo se disolvió hace casi treinta años, ABBA sigue siendo un fenómeno. Nina piensa que esos niños que van a ver el musical no tienen a ABBA como parte de su pasado, ni es la banda sonora de sus vidas. «Pero en cuanto escuchan las canciones se las aprenden».
Desde agosto de 2009, Nina ha visitado cerca de una treintena de ciudades con «Mamma Mia!», «Nunca había hecho una gira tan larga —dice—; me quedo con la ilusión del público, cómo nos esperan, cómo me escriben para saber en qué funciones voy a estar... Y eso no tiene precio, no creo que me vuelva a pasar en la vida y hay que valorarlo cada día». Esa energía es, dice la artista, «nuestro alimento. Hay muchos días en que sales cansado, con problemas, con dolores... Y cuando sientes al público, cuando lo escuchas, se te pasa todo. El el motor, la gasolina, lo es todo. Y de hecho estamos aquí gracias a ello. Esto no es como el fútbol, aquí no hay un árbitro y unas reglas del juego. Aquí sólo mandan los espectadores. Si marcamos gol es porque el público nos deja, porque conectamos con él».



