—¿Por qué el pasado año decidió no torear la Goyesca?
—Era algo que pensaba desde hacía mucho tiempo. Y, la verdad, dándole vueltas, sí creo que mientras haya un Rivera Ordóñez en activo, éste debe estar en la Goyesca.
—
Desde que toreó su primera Goyesca, en 1995, han pasado muchas cosas en su carrera, buenas y menos buenas. Siempre queda Ronda...
—Para mí Ronda es un punto y aparte y algo muy importante en mi ánimo. Ronda es pensar todo el año en Ronda. Es cuerpo y alma. Y en eso ha tenido que ver mucho mi abuelo. Cubrir s hueco es imposible. Hay que suplirlo con un trabajo bien hecho.
—Su abuelo me dijo en varias ocasiones que usted tenía que coger el bastón de mando de la Goyesca. Él lo tenía muy claro.
—Clarísimo. Bueno, mi abuelo lo tenía claro todo. Además, como se equivocaba tan poco... la verdad es que la Goyesca es distinta. Y ahí no hay discusión. Habría que sacar cositas de Ronda y trasladarlas a otras plazas. Porque con tanto reglamento, tanto delegado gubernativo, tanto presidente, tanto veterinario estamos coartando que el sentimiento fluya. Igual que a un empresario nadie le debate la conformación de los carteles, se podrá equivocar o no, con los toros es un suplicio lo que llegamos a pasar en una plaza de toros, como me ocurrió en Málaga. Y llega un momento que ni el empresario es dueño de su trabajo; el ganadero no es dueño de sus toros y el torero no es dueño de jugarse la vida con los toros que él cree que son los más aptos para desarrollar su sentimiento.
—Enrique Ponce celebra su corrida número 2.000...
—Ha sido una sorpresa. Eso lo preparas y no sale. Ahora, qué meritazo. Años tras año... más de 4.000 toros.
—La otra novedad es que vuelve a anunciarse en otro Paquirri...
—Qué bonito para mí. La primera fue en Albacete, y no se me va a olvidar.
—Pero ahora es Ronda.
—Muy fuerte. Me emociono cada vez que veo los carteles, los tengo que mirar dos veces. No puede imaginar lo que siento cuando voy por la calle y me llaman Paquirri. Para mí es una satisfacción y un orgullo tan grandes.... Siempre he soñado anunciarme en Ronda como Paquirri. Igual que banderillear un toro en Sevilla; son cosas que me veía tan cerca de mi padre haciendo eso. Mi padre ha sido mi espejo y cada día me siento más Paquirri. Y lo digo con todo el respeto. Yo soy hijo de Paquirri.
—¿Le ha molestado que haya quienes no lo hayan entendido?
—Me ha dolido. Yo no pido llamarme Manolete, Belmonte ni Guerrita... pido llamarme como mi padre, y que eso me lo quieran negar... Ha llegado un punto que he dicho: miren señores, yo me llamo Paquirri porque puedo y porque quiero, si alguien no lo quiere entender no voy a explicárselo. Lo que está claro es que después de 16 temporadas de matador, me he ganado ese derecho. Y el que crea que hago esto para beneficiarme se equivoca. Mi carrera ya está hecha. No necesito llamarme Paquirri para torear 80 corridas. Es algo personal, de sentimiento y que lo llevo dentro.
—¿Qué dijo su hermano Cayetano?
—Se lo dije y ya lo sabía. Pero es que él, siempre, me ha llamado Paquirri, no ahora sino incluso antes de dedicarse a esta profesión.
—¿Qué hubiese dicho su abuelo?
—Le habría gustado. Recuerdo que cuando empezaba me preguntó que cómo quería anunciarme. Me decía que lo que no podía olvidar es de quién era hijo. Yo decidí llamarme Rivera Ordóñez por mi abuelo.
—Si hubiese coincidido con su padre en los ruedos, ¿también se habría anunciado como Paquirri?
—¿Por qué no? Vamos a ver, a mí mi padre me hace falta y lo echo de menos todos los días. Hubiera sido muy bonito ver en un cartel a los dos con el mismo nombre y apodo.
—Cambiamos de tercio. Temporada dura la que está viviendo.
—Durísima. Estaba preparada para ser una campaña bonita y esta lesión de abductores ha supuesto perder veintitantas corrida.
—Ahora ya es otra cosa.
—He arriesgado, he apostado y hemos salido bien. Cada día disfruto más en la plaza. Veo que cada día me queda menos. Aunque hoy por hoy no me veo fuera del albero, sería de insensato pensar que me quedan otros 15 años. He aprendido a disfrutar.


