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Brasil después de Gisele

El mestizaje y la sensualidad de las modelos brasileñas invaden las pasarelas. ¿Cómo pasn del anonimato a la fama?

Día 04/09/2010 - 06.42h
Gisele Bündchen, desde hace años la número uno entre las tops, la modelo mejor pagada del mundo en 2009, tiene, entre otros muchos méritos, el haber puesto a Brasil en el punto de mira de los cazatalentos de las grandes agencias; en especial, las pequeñas y rústicas villas del sur del país, fuente de exportación de chicas brasileñas a Europa, Estados Unidos y Japón. «Ese mestizaje de alemanes, italianos y polacos hace que en el sur, donde se establecieron en el pasado, tengamos mujeres altas y bellísimas», cuenta Dilson Stein, el agente que, en 1994, descubrió a una adolescente Gisele en Horizontina (Río Grande del Sur), su ciudad natal. Gracias al éxito mundial de Bündchen, Stein trasladó su negocio desde la gigantesca y cosmopolita São Paulo a esta pequeña y provinciana localidad; y es que precisamente allí engrandeció su prestigio al dar a conocer a otras célebres tops, como Alessandra Ambrosio y Caroline Trentini, quienes también figuran entre las más solicitadas del momento.
Paso obligado
De pronto, Horizontina, una remota ciudad de 17.000 habitantes y que mal aparecía en los mapas, se convirtió en paso obligado para los scouters, como son conocidos los «descubridores» de modelos. De hecho, tras el fenómeno Gisele las principales agencias brasileñas e internacionales abrieron filiales en el sur de Brasil, o directamente allí instalaron la casa central. «El sur es nuestra principal cuna de modelos. La cantidad que ofrece es imbatible», explica Agy Campos, director de la agencia DM en Curitiba, en el estado de Paraná. Campos, quien también se mudó de São Paulo a esta zona hace diez años, asegura que, después de Gisele, la demanda de modelos (blancas o de color) dentro de ese ámbito geográfico aumentó de forma exponencial.
Otra presencia
Para Rudy Sarnovski, director de la agencia Ford en Curitiba, todo esto se debe al mestizaje latino y europeo. «Lo que distingue a una modelo brasileña de una rusa es la sensualidad. Las nuestras pueden tener rostros semejantes al de las eslavas, pero poseen una presencia, una libertad y una espontaneidad que facilitan su adaptación a la vida profesional», asegura. Tras la búsqueda (en los colegios o en las calles) y una selección, su agencia envía a las modelos a la sede de São Paulo, donde son preparadas para el circuito internacional. «São Paulo es un mercado más globalizado», explica.
Pero el boom de las brasileñas traspasa la geografía y lo puramente físico. «Por supuesto que el sur nunca dejará de ser un lugar exportador de tops, pero podemos encontrar chicas increíbles más al norte», explica Heitor Botini, especialista en nuevos rostros de la agencia Monica Monteiro. Y cita a Adriana Lima, Laís Ribeiro y Gracie Carvalho.
Botini cree que «el mercado brasileño reclama gente bonita, independientemente de sus rasgos físicos. Como la diversidad de biotipos es enorme, es muy difícil establecer un patrón de belleza, lo que hace que nuestras modelos sean interesantísimas para el mercado internacional», cuenta. El secreto, pues, está en el mestizaje. Buen ejemplo son las jóvenes que, junto a Gisele, se asoman a nuestras páginas. Aline Thiel, Bruna Marth, Marcela Viva y Viviane Oliveira son los nuevos y prometedores rostros de este fascinante tapiz de razas. El futuro es suyo.
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