Celestino Corbacho dejará el Ministerio de Trabajo con un balance negro: cuatro millones de parados, una tasa de paso del 20,3 por ciento, el doble que la Unión Europea, una reforma laboral aprobada por decreto-ley sin acuerdo previo de empresarios y sindicatos, la paz social, que tanto anhelaba Zapatero, hecha añicos, y con amenazas de recortes a las prestaciones por desempleo. Así las cosas, es uno de los ministros peor valorados del Gobierno (3,16), solo por detrás de Ángeles González-Sinde (2,98), Beatriz Corredor (3,03) y Bibiana Aído (3,04), según el CIS.
El anuncio de su dimisión y su vuelta a Cataluña para «ayudar» a José Montilla a ganar las elecciones autonómicas del próximo otoño no ha sido ninguna sorpresa en el Congreso, donde se estaba esperando una crisis de Gobierno desde principios de verano, y ahí el ministro de Trabajo tenía todas las papeletas para estar en ella. Pese a los pésimos datos de su etapa en el Ministerio, el portavoz del Grupo Socialista, José Antonio Alonso, elogió su labor y arremetió contra el principal partido de la oposición por criticar al ministro de los cuatro millones de parados. «Celestino Corbacho ha sido un buen ministro que ha tenido que lidiar con una época muy mala. Ha hecho todo lo que ha podido, y ha sido un buen ministro», aseguró Alonso, quien destacó entre sus logros que haya «asumido la responsabilidad de acometer la reforma laboral».
«Falta de respeto del PP»
Según el portavoz parlamentario socialista, «no debería sorprender a nadie que quiera volver a su tierra para ayudar a Montilla a ganar las elecciones». Dicho esto, pasó al ataque contra el PP por su «falta de respeto a la labor de Corbacho». «Más les vale que digan qué pasa con sus asuntos de corrupción», señaló.
El PP, antes de conocer la marcha de Corbacho, ya había registrado una pregunta para la sesión de control del próximo miércoles sobre el paro, pero dirigida a la vicepresidenta segunda del Gobierno, Elena Salgado, y no al titular de Trabajo, de quien la oposición sospechaba que pintaba bastante poco en las decisiones del Ejecutivo, como se veía desde las conversaciones de Zurbano, cuando Zapatero le dejó fuera del «tridente» de Moncloa, formado por los ministros de Economía, Fomento e Industria. Según la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, «no es casualidad que el ministro que primero abandona el barco sea el de Empleo». Santamaría cree que el «autocese» de Corbacho pone de manifiesto el «fracaso de Zapatero en solucionar el problema del paro. El Gobierno está dando una imagen de descomposición».
Desde CiU, Josep Sánchez Llibre cree que la dimisión anunciada de Corbacho es «una falta de responsabilidad del Gobierno, que demuestra así su debilidad». Pero también cree que su regreso a Cataluña es un intento de compensar la «huida» de dirigentes del PSC que no quieren formar parte de la lista de Montilla.
El portavoz de IU, Gaspar Llamazares, sentenció que «la huida de Corbacho tiene que ver con el fracaso del Gobierno de Zapatero en materia de empleo» y confirma una «crisis por entregas».




