Cuatro años y un día después de que España
se proclamara campeona del mundo por primera vez en su historia, Grecia vuelve a cruzarse en el camino de la selección con un objetivo muy distinto al que estaba en juego el 3 de septiembre de 2006 en Saitama (Japón). Estambul no será esta noche (20.00 horas) el escenario en el que se decida el equipo que se cuelgue la medalla de oro, pero la pista del Sinam Erdem Dome se convertirá en la tumba turca para una de las dos selecciones. Españoles y griegos no han cumplido las expectativas durante la primera fase del Mundial y por una carambola se han visto abocados a encontrarse en octavos de final, por lo que el duelo resultará dramático para el derrotado.
El combinado nacional tiene a la estadística como gran aliada antes de la batalla porque en los últimos años se ha convertido en la bestia negra de los helenos, a los que apartó en semifinales de los dos últimos europeos (España y Polonia). Con estos precedentes, no extraña que el rival recurriera a la estrategia y no pusiera toda la carne en el asador en el último partido de la fase previa con el objetivo de quedar tercera de grupo para evitar a los de Scariolo.
«Deberían estar avergonzados. Lo suyo no ha sido baloncesto, ha sido una comedia. Tiraban a fallar». Fueron las contundentes declaraciones del seleccionador ruso, David Blatt, después del esperpento vivido el pasado jueves en el duelo que cerraba el grupo C. Sin embargo, la inesperada derrota de Francia ante Nueva Zelanda tiró por los suelos el maquiavélico plan y hoy los griegos pueden pagar las consecuencias.
Supervivientes de 2006
España y Grecia han variado su fisonomía desde la final de Saitama, aunque mantienen la base. Curiosamente, dos técnicos foráneos —el italiano Sergio Scariolo y el lituano Jonas Kazlauskas— rigen ahora el destino de dos selecciones en la que media docena de jugadores —seis por bando— volverán a estrecharse las manos antes del salto inicial. Navarro, Rudy Fernández, Mumbrú, Garbajosa, Felipe Reyes y Marc Gasol coincidirán de nuevo con Spanoulis, Diamantidis, Zisis, Fotsis, Tsartaris y Schortianitis.
La gran preocupación española radicaba en el estado físico de Juan Carlos Navarro, que se perdió el partido ante Canadá por problemas en la espalda, pero ayer superó las pruebas a las que fue sometido y Scariolo tendrá hoy a su disposición a toda la artillería. El juego de la selección no ha brillado hasta el momento en Turquía, pero el grupo se ha conjurado para hacer borrón y cuenta nueva en el momento en el que el Mundial entra en su fase decisiva. Para ello resultará fundamental que ajuste la defensa y cierre el rebote con el objetivo de salir al contragolpe y evitar que los griegos impongan un ritmo lento.
Diamantidis, su estrella
El combinado heleno tiene como gran baza a Diamantidis
, un jugador capaz de jugar de base y de escolta, de dirigir y llevar el peso anotador de su equipo y, sobre todo, de decantar un partido él solo en los momentos más determinantes. Junto a este jugador, Spanoulis, Bouroussis, Fotsis y Schortsianitis componen la auténtica columna vertebral de una selección que, sin embargo, no termina de superar la ausencia de su gran estrella, el base Papaloukas.





