De vuelta de Vitoria, en cuyo festival de televisión se ha estrenado la miniserie «La Princesa de Éboli», que ella protagoniza, Belén Rueda sonríe a través del teléfono (siempre que la veleidosa cobertura lo permite) al recordarle su trabajo en «El orfanato». La película de Juan Antonio Bayona supuso para la actriz el refrendo para una carrera cinematográfica que había comenzado muy poco antes de la mano de Alejandro Amenábar y «Mar Adentro». «Tras el éxito de “El orfanato”, mucha gente me ha felicitado por lo bien que elegí, pero es imposible saber si va a funcionar una película. En el rodaje veíamos que la maquinaria marchaba bien, y por supuesto que teníamos, además de miedo, ilusión y confianza en el guión, en el equipo, en la dirección, en los actores... Pero de ahí a sospechar el éxito que tuvo... Recuerdo que en los últimos días de rodaje le pregunté a Jota (Juan Antonio Bayona) por los festivales a los que iría la película. Me miró y se echó a reír. “¿Festivales?”, me dijo. “Vamos a terminarla y después ya veremos».
—¿Qué le supuso la película, tanto profesional como personalmente?
—«El orfanato» sólo me ha dado satisfacciones. En muchos rodajes, al terminar se pone el punto final y todos a casa; yo sigo manteniendo contacto con mucha gente del equipo. Con los productores de Rodar y Rodar volvería a trabajar sin dudarlo, porque son maravillosos. Y profesionalmente me ha dado tanto... El éxito y la repercusión internacionales que tuvo la película, además, favorece que puedan llegar proyectos interesantes de fuera, no necesariamente de Hollywood.
—Habla de que le han felicitado por elegir bien... Usted puede elegir, eso no es algo que puedan hacer todos los actores.
—Soy una afortunada, sí. Fue nada menos que Amenábar quien me abrió la puerta del cine, y estoy en un momento en el que me puedo permitir elegir los proyectos en los que quiero estar.
—En «Mar adentro» su papel era secundario, pero en «El orfanato» ya le pusieron buena parte de la película sobre la espalda.
—Es curioso, porque yo nunca sentí ese peso durante el rodaje. Hasta que no vi la película por primera vez no me di cuenta de lo mucho que salía mi personaje. Y se lo comenté a Jota. Pero antes no había sido consciente de esa responsabilidad. Estaba centrada en el personaje y en lo que quería transmitir con él. Entre los ensayos y el rodaje estuvimos trabajando unos tres meses, y tanto tiempo te da la oportunidad de desarrollar bien el personaje.
—Será mejor centrarse que ir y venir durante el rodaje con un papel menos relevante.
—Cuando ruedas un día y luego pasa una semana hasta que vuelves te entra una sensación de inseguridad similar a la vuelta al colegio en septiembre... Tienes miedo de no encontrar el tono, pero una vez llegas al plató todas las dudas se disipan.
—Usted es una mujer muy vital y alegre, pero los personajes que le han dado en el cine son dramáticos.
—Y eso que en la televisión había hecho mucha comedia; la última serie, «Los Serrano», comedia pura y dura. Pero es que en el cine español no es un género que se haga demasiado. Naturalmente me apetece hacer una buena comedia.
—¿Los personajes «profundos» dejan más huella en un actor que otros más «ligeros»?
—Te permiten reflexionar. Una de las cosas mejores que tiene esta profesión es que te da la oportunidad de meterte en la piel de personajes muy distintos a ti, y de conocer realidades y situaciones que de otro modo no conocerías. Eso es muy enriquecedor y te hace reflexionar.
—Su último trabajo ha sido encarnar a la Princesa de Éboli. ¿Qué es lo que más le fascina de ella?
—Es un ejemplo perfecto de lo que le decía antes. La Historia me apasiona, y poder conocer más sobre esa mujer, sobre la época, es una obligación y un placer al tiempo. Yo aún sigo leyendo porque me ha atrapado esa mujer. ¡Cómo en una época en la que las mujeres no tenían la independencia que tenemos ahora ella supo imponerse, todo ello sin perder la sensualidad!; decían que era la mujer más bella de España.
—Muchos actores dicen que en personajes de época el traje es fundamental. ¿Usted piensa igual?
—Es impresionante lo que se cambia con el vestuario. Cuando me ponía las enaguas, los tocados, las joyas y el vestido, caminaba de otra forma, con esa altivez que se le reprochaba, y que yo creo que es producto de la educación que recibió como Grande de España.




