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Olvidos, amenazas y agendas ocultas

Las negociaciones tienen otros escollos más allá de las clásicos: Jerusalén, fronteras, seguridad o refugiados

Día 03/09/2010
Desde que en el año 1979 se identificarán por primera vez los asuntos cruciales que deberían resolverse en un acuerdo final —Jerusalén, las fronteras palestinas, el retorno de los refugiados y la seguridad—, este es el noveno intento de alcanzar la paz entre Israel y los palestinos.
La voluntad de Barack Obama y su poder para presionar a las partes es la pieza clave de este proceso, que se abre con un horizonte de 12 meses, pero que ya se sabe que atravesará su primer momento crítico en poco más de tres semanas. El día 26 termina la moratoria a la construcción en las colonias judías. La inminencia de la fecha y el peso de los asentamientos como principal —que no única— forma de la ocupación ha eclipsado un laberinto de escollos, brechas internas y otros olvidos fatales .
Hamás, fuerza explosiva
Un acuerdo final con Israel sin Gaza, un territorio que prácticamente está desaparecido en los debates de arrancada de las negociaciones, es inconcebible. Está abocado al fracaso. Hamás se opondría a aplicar cualquier medida dentro, pero también es la fuerza volcánica capaz de poner en riesgo la implementación de cualquier compromiso —especialmente los que afectan a la seguridad—, fuera de él. Los atentados de esa semana son muestra de su capacidad desestabilizadora.
El avance de las colonias
El freno al avance de las colonias, previsto en la Hoja de Ruta, es la máxima prioridad palestina: cuanta mayor es la ocupación, menores son las posibilidades de conseguir un Estado propio viable. Abbás puso la congelación de los asentamientos como condición previa para entablar diálogo indirecto con Israel y ahora estas conversaciones directas.
En ambos casos ha tenido que tragarse tal exigencia presionado por EE.UU., aunque la mantiene sobre la mesa bajo amenaza de que podría abandonar el proceso. Reclama extender indefinidamente la moratoria a la construcción judía en Cisjordania
y hacerla extensiva a Jerusalén Este. Ante ese órdago, el peligro es que cualquier arreglo intermedio representará otro humillante descalabro para Abbás.
Abbás, sin liderazgo
El presidente palestino no cuenta con la confianza de su pueblo, fracturado entre Cisjordania y Gaza, que se siente ajena a su liderazgo. Si falla en esta negociación, la frustración puede desembocar en el estallido de otra Intifada. Si consiguiera alcanzar un acuerdo, tampoco existe ninguna garantía de que los palestinos vayan a aceptarlo.
Irán, lo que importa a Israel
Para Israel, y particularmente para Netanyahu, Irán es el gran enemigo a batir, mucho más preocupante que los palestinos. El primer ministro judío no cesa de reiterar su voluntad de lograr un acuerdo, para aquellos que ponen en duda su seriedad en este proceso. No obstante, abundan los analistas que señalan que su verdadera agenda oculta es Teherán, y su negociación con Abbás solo una forma de contentar a EE.UU para poner a Obama de su lado en la confrontación crucial contra el régimen de los ayatolás.
La coalición de Netanyahu
Doce ministros de Netanyahu están involucrados en campañas activas en contra de la paralización del crecimiento de las colonias. El jefe de su propio partido en el Parlamento, Zeev Elkin, ha comunicado que hay miles de viviendas en 57 asentamientos que tienen todos los permisos para empezar a ejecutarse a partir del 26 de septiembre, día en que finaliza la moratoria y que ni Netanyahu, ni nadie podrá impedirlo. Lo que pase alrededor de esa fecha será su primera prueba de fuego y anunciar una prórroga en la prohibición de construir en los asentamientos pondría a Netanyahu en el disparadero dentro de su propia coalición de Gobierno.
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