El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, afirmó ayer en presencia del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, y de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, que en Oriente Próximo «la paz es posible, pero con concesiones dolorosas para los dos». El arranque de las negociaciones ayer en la sede del Departamento de Estado fue lo suficientemente halagüeño como para anunciar una nueva reunión de Clinton, Netanyahu y Abbás los días 14 y 15 de septiembre.
Clinton reiteró ayer que Estados Unidos está a disposición de los negociadores «para lo que necesiten», pero que sólo a ellos les corresponde encontrar una solución que Washington no puede ni quiere imponer. La secretaria de Estado les pidió aparcar los inevitables escepticismos y les invitó a hacer historia: «Creo fervientemente que estos dos hombres que estáis sentados ahora a mi lado sois los líderes que podéis hacer realidad este sueño tan largamente deseado», exclamó.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sentado a la diestra de Clinton, fue el primero en tomar la palabra después de ella en el salón Benjamin Franklin del Departamento de Estado. Como es habitual en él, la tomó en inglés. Acompañado por un lenguaje corporal decidido y expresivo, que dejaba traslucir el dolor que le causaban algunas de sus propias palabras, Netanyahu empezó afirmando que él y su país están preparados para «recorrer un largo trecho en poco tiempo». Y la verdad es que no dejó pasar demasiado antes de admitir que «una paz verdadera y duradera», no un mero respiro en el conflicto, exige «que las dos partes hagan dolorosas concesiones».
Netanyahu insistió en la tragedia que supone para los israelíes vivir bajo el fuego
Veteranos cara a cara
Netanyahu apuntilló: «Si nosotros aceptamos que el estado palestino sea la nación del pueblo palestino, vosotros tenéis que aceptar que Israel es la nación del pueblo judío». Pero sobre todo subrayó que el constante derramamiento de sangre inocente constituye la mayor amenaza contra toda esta negociación. Agradeciendo que Abbás haya condenado los ataques de Hamás, le instó a comprometerse un poco más con el esfuerzo de prevenirlos: «No es menos importante encontrar a los asesinos y asegurar que frenamos a otros asesinos que buscan matar a nuestra gente, que es matar la paz». En señal de buena voluntad concluyó su alocución en las tres lenguas reunidas a la mesa: «shalom, salam, paz». Si para Netanyahu no es fácil sentarse a negociar con muertos recientes encima de la mesa, tampoco es para nada sencilla la posición de Abbás. Este, colocado a la izquierda de Hillary Clinton, tomó la palabra en árabe para insistir una vez más en la condena de los asesinatos de Hamás. Sobre lo de frenar y perseguir la incitación a más violencia, aseguró que hace lo que puede. Sin embargo no regateó sus reconocimientos de que «la seguridad es fundamental» para poder hablar de una paz seria.
Dicho lo cual pasó a exponer sus propias reivindicaciones pendientes: liberación de los presos políticos palestinos, congelación de los asentamientos judíos en Cisjordania y en Jerusalén Este y levantamiento del bloqueo de Gaza. El representante de la Autoridad Palestina puso énfasis en pedir que todo lo logrado en anteriores negociaciones esté ya sobre la mesa, en lugar de volver a partir desde cero, que es una de las posibles interpretaciones del empeño israelí en no aceptar precondiciones para el diálogo.
Clinton llamó incansablemente a no regatear esfuerzos en busca de la paz. Especialmente significativa fue su alusión a que en esta negociación hay pocas caras nuevas, ya que muchos de sus participantes ya han estado presentes en otros intentos que fracasaron. A estos veteranos les recordó que «habéis vuelto porque habéis visto el coste del conflicto continuado» para ambos pueblos, un coste todavía más alto que el que tiene resolver cuestiones como «territorio, seguridad, Jerusalén, refugiados, asentamientos y otros».
El enviado de Obama para Oriente Próximo, George Mitchell, confirmó poco después que Netanyahu y Abbás volverán a reunirse los días 14 y 15 de septiembre con Clinton en un escenario de Oriente Próximo, que no especificó, aunque algunas fuentes apuntan a Egipto. Mitchell también confirmó que los dos negociadores planean volverse a encontrar cada dos semanas y llegar a puerto en un año.






