El paro en Estados Unidos es ya del 9,6%. El mes pasado el sector privado hizo 67.000 nuevos contratos que compensaron parcialmente la destrucción de 121.000 empleos en el sector público. Con lo que el desempleo prácticamente no sumar sólo una décima. El presidente Barack Obama compareció para admitir que «no hay solución rápida» por mucho que su Administración se lanzara hace unos meses a decir que este sería «el verano de la recuperación».
Interrogado sobre si se arrepiente de este eslogan, Obama lo negó, porque según él la recuperación está en marcha, así sea a un ritmo desesperantemente lento. El actual presidente subrayó que al tomar él posesión «se destruían 750.000 empleos al mes, y ahora se han creado 67.000». También subrayó que es el octavo mes consecutivo en que el trabajo crece y que las cifras del mes de julio han sido corregidas al alza hasta 107.000 empleos.
¿Espejismo de verano? ¿Victoria pírrica? El anuncio de que Obama saldría a comentar el índice de paro disparó las expectativas de si iba a ofrecer medidas sorpresas o algún paquete de estímulo. Sobre todo después de que la noche anterior se filtrara, nada menos que a «The Washington Post», que la Casa Blanca preparaba un nuevo paquete de estímulos económicos de choque, como los que ya usó para rescatar Wall Street.
Operación de rescate
Ayer mismo el equipo del Tesoro desautorizaba al «Post» y lo negaba todo. Sin embargo no es imposible que todo se reduzca a una cuestión semántica. Viniendo de la Casa Blanca la palabra «estímulo» se puede identificar automáticamente con «rescate», es decir, con un extraordinario dispendio de dinero público para reactivar —o no— la economía. Ésa es desde luego la interpretación de la oposición republicana y de algunos de sus comentaristas mediáticos, que se han aprestado a decir que la misma guerra de Irak, ruinosa como ha salido, resulta una «ganga» si se la compara con los rescates del gobierno, cuya utilidad aparece cuanto menos bajo sospecha.
Ante eso la Casa Blanca se defiende alegando que gastar no es la única manera de estimular, y que lo que ellos tienen en mente pasa por extender los recortes fiscales a las clases medias y favorecer la inversión en los sectores más productivos de empleo, como ya anunció Obama la semana pasada.
Porque lo cierto es que ayer Obama salió a dar la cara… y poco más. Más allá de asegurar que se está ocupando de los problemas no anunció nada nuevo, y se remitió a anuncios más concretos que piensa hacer la semana que viene.
Ofensiva republicana
Obama insistió ayer en que la oposición republicana está bloqueando por razones «partidistas» su propuesta para facilitar que los pequeños negocios obtengan créditos y se beneficien de 55.000 millones en recortes fiscales, que recibirían incluso a los negocios más grandes.
El presidente pidió a sus adversarios políticos que piensen «no en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones», y que dejen pasar este paquete de ayudas a las empresas. Lo presentó como si los republicanos tuvieran en su mano abrir o cerrar la llave del paro, y la mantuvieran cerrada sólo para perjudicar al gobierno.










