España
89
Canadá
67
Los españoles están blandos, a veces enclenques, casi siempre previsibles, con unos análisis que anuncian la inminencia de la anemia si no se toman cartas en el asunto. Si su juego, entendido como la concreción de una filosofía, es cercano a lo visto, el sueño de las medallas se tornará voraz pesadilla. Si, como se espera, esta selección se transforma en cuanto percibe el aroma del podio, que cada cual aguante su vela ante lo que se le puede venir encima.
Evidentemente, la fuente debe tener más agua. Quizá algo haya limitado el suministro, como el trombo que impide el perfecto riego arterial. Cuesta entender el motivo que le aleja de la solvencia. Está España retenida en una garita fronteriza. Al otro lado de la barrera percibe su destino. Pero no acaba de recibir el visto bueno para cruzar la línea. Es ella la que se retrae, de eso no hay duda. Lleva su seleccionador tildando las necesidades, destacando en negrita el sota-caballo-rey que, una vez mejorado, conducirá a los campeones a la justa reivindicación de su condición.
El polémico Rudy Fernández, con sus luces y sombras, es casi el único exponente que ha crecido entre el quinteto de elegidos con los que Scariolo ha salido al claro de la selva. Rubio no sonríe. Es algo preocupante, porque si el base titular no es feliz es que algo no va bien. Navarro ha comenzado a racionar su presencia. Garbajosa mete lo que debe, pero minimiza la efectividad reboteadora. Y Marc Gasol tendrá algo que decir cuando sus compañeros recuerden que existe. Es el Teruel de la selección. Después, entra en juego la famosa segunda unidad, una excusa para convertir las variables en imposibles de valorar. Pero de cierta mezcla (con Mumbrú, Fran Vázquez y Reyes en el reparto) han salido quizá los mejores momentos, escasos e insuficientes, pero notables, vividos en la fase de grupos que ayer bajó el telón.
Toca mirar adelante. Hacerlo con un pulso cordial ante Canadá, en el que Rudy y Fran Vázquez se fueron a los 19 puntos
y 5 rebotes y todos los jugadores, salvo el reservado Navarro, acabaron repartiendo los minutos, es un buen modo de tener a la tropa lista. A ver si de cara a los octavos de final, además de camaradería, motivación e implicación, hacen de una vez acto de presencia argumentos elementales.





