POR ALFONSO ARMADA
Hacía mucho tiempo que la gran actriz y mejor maestra de actores Adela Escartín no iba a los teatros. Sus ojos como taladros se apagaron a comienzos de agosto, cuando Madrid se derretía bajo una canícula de plomo. Me gustaría dedicarle esta temporada.Soy de los idiotas a quienes gustaría que un otoño las principales emisoras de radio (¿por qué no empezar por Radio Nacional?) en vez de tableros y carruseles deportivos dedicaran la tarde íntegra de sábados y domingos a conectar con buena parte de los teatros españoles para entrevistar a autores, directores, iluminadores, intérpretes... Que cada fin de semana hicieran recuento de shakespeares, brechts, becketts, arrabales, pirandellos, sanzoles, o'neills, lopes, caballeros, cunillés, noveles..., qué arqueo de euros y aplausos, en qué medida una versión de «Crimen y castigo» ampliaba el espectro de nuestra conciencia, nos hacía más conscientes de nuestra condición y además de entretenernos nos hacía mejores ciudadanos. Peligros de soñar despierto.



