En 1806 escribió Heinrich von Kleist «El cántaro roto», una obra satírica con la que el autor llenó de sal las heridas abiertas de la Justicia de su época. Ernesto Caballero considera que la situación no ha variado demasiado a pesar del tiempo transcurrido y ha puesto en pie la obra de Kleist, a la que ha dotado de una nueva dramaturgia y ha convertido en «La fiesta de los jueces». En ella, Caballero ha imaginado que como fin de fiesta de un acto institucional de la Judicatura, Sus Señorías deciden representar «El cántaro roto». Se produce así un doble plano, según Caballero —autor de la versión y director del espectáculo—: «la obra en sí, que se ha dejado tal cual, y sólo se ha limpiado, y el marco dramatúrgico de los jueces».
«De este modo —explica Caballero—, pretendo acompañar el regocijo que procura la trepidante sucesión de situaciones características del género cómico, con la desacralización de unas respetables figuras que nos resultan reconocibles y que, en ocasiones, no distan mucho de las que en su día retrató el perspicaz dramaturgo alemán».
Y es que la célebre frase del que fuera alcalde de Jerez, Pedro Pacheco —«La Justicia es un cachondeo»—, ha inspirado este montaje, que no tiene, sin embargo, afán didáctico. «El teatro no está hecho para dar lecciones —dice Ernesto Caballero—, sino para plantear interrogantes; el teatro es el lugar donde se hacen preguntas y es una herramienta para darse respuestas. A esta obra le anima un deseo de regeneración, y lo quiere hacer a través del humor, porque la risa es de las pocas cosas que nos resultan útiles para sobrevivir. Es una parodia de la situación actual de nuestra judicatura, pero no tiene como fin simplemente hacer reír; sentimos preocupación por este asunto y en esta obra se expresa».
El actor Santiago Ramos encabeza el extenso reparto de una obra muy coral, en la que le acompañan, entre otros, Silvia Espigado, Juan Carlos Talavera, Karina Garantivá, Jorge Mayor y Paco Torres. La dramaturgia de Caballero es, reconoce, lo que le hizo subirse al carro del proyecto. «Aparece toda la judicatura, sus barullos, sus peleas, su acritud... Los espectadores se verán identificados en esos jueces, porque al fin y al cabo ellos son nuestro reflejo».



