TRAS el ataque sufrido la semana pasada por las fuerzas españolas (dos oficiales de la Guardia Civil muertos, además de su traductor), quizá estas tres notas sobre Afganistán, entrelazadas entre sí, puedan ayudar al análisis de lo ocurrido. Las tres reflexiones que proponemos pueden resumirse así: la campaña militar. La OTAN. Las fuerzas españolas.
Primera reflexión, la campaña militar. El presidente Obama evita hablar hoy de nation building, de reconstrucción, de derechos, de democratización. Hemos reducido los objetivos: Al Qaeda; la gobernabilidad afgana, un ejército y una policía propios. Creemos que se está fracasando en esos tres objetivos. Estados Unidos y sus aliados fueron a Afganistán para localizar y derrotar a Al Qaeda e impedir su alianza con grupos insurgentes. Pero hoy los terroristas cambian de espacio, desde Kabul a Marruecos, a Nueva York, a Madrid… «Buscamos a un enemigo que no está», dice el responsable de la CIA, Leon Panetta, que cifra entre 60 y 100 los miembros de Al Qaeda en Afganistán.
Posiblemente la gobernabilidad del país no sea firme mientras dependa de su actual presidente. Ahmid Karzai provoca demasiadas sospechas y no parece alcanzar los límites indispensables de autoridad. Su modelo centralizado no funciona. Es necesario encontrar una solución política y regional que incluya a Pakistán, India, Irán... La fuerza militar está en Afganistán para abrir paso a una solución política.
Formación de un ejército y una policía afganos capaces de garantizar la seguridad. Ésta es una tarea que puede durar 15 años o más aún; y el tiempo prefijado es de cuatro años. Por cierto, qué error el de las fechas. Y qué difícil combinar una campaña política con una militar.
Segunda reflexión, la OTAN. Para hacer frente a las amenazas a los países occidentales, la Alianza es hoy el instrumento. Por tanto, primer deber: que Afganistán no ponga en peligro a la OTAN. Mantener la solidaridad de los aliados. Mutua lealtad. Reino Unido, Francia, Alemania o España necesitan hoy a Estados Unidos. Pero Estados Unidos necesita tanto o más a sus aliados europeos. Es curioso escuchar a amplias zonas del mundo pensante español empeñado en perdonar la vida a la OTAN.
Tercera reflexión. Los soldados españoles (y americanos, británicos, franceses, canadienses, alemanes…) necesitan que su arriesgadísima labor de hoy sea apoyada por las opiniones públicas de sus países. Una fuerza expedicionaria merece ese reconocimiento. Reconocer implica, por una parte, saber, estar informado y recibir información del propio gobierno. Por otra, agradecer el esfuerzo.
Un enfermo ingresa en el hospital en estado crítico: los médicos, enfermeras y auxiliares ponen todo su esfuerzo para sacarlo adelante. El enfermo que va a morir reclama igual desvelo que el que va a vivir. Las guerras perdidas exigen el mismo sacrificio por parte de los soldados, y el mismo apoyo por parte de los ciudadanos que las guerras que es posible ganar. El esfuerzo de los soldados no es sólo admirable. Es hoy ne-ce-sa-rio. Todos hemos de morir, ya sabemos. Pero hay que pelear hasta el final. La labor de esos médicos y enfermeras, empeñados en conseguir unos días o años de salvación al paciente, garantiza nuestra salud y nuestra seguridad. Además de dar sentido a su vida.


