El Gobierno alemán dio ayer «luz verde» definitiva al nuevo impuesto sobre los pasajeros aéreos que tiene como objetivo recaudar 1.000 millones al año como parte del plan de austeridad para reducir el déficit estatal. El impuesto, que comenzará a aplicarse en 2011, gravará con 45 euros por pasajero a los viajeros de larga distancia, con 25 euros a los de media y con 8 euros a los de corto radio. En cambio, los vuelos de carga no quedarán afectados por el nuevo impuesto. Las aerolíneas alemanas esperan perder cerca de siete millones de pasajeros a consecuencia de esta tasa adicional y aseguran que el tributo podría generar menos ingresos al Estado alemán de los que el Gobierno ha previsto, como cosnecuencia del posible descenso de la demanda.










