David Villa se dejó una asignatura pendiente en el Mundial de Sudáfrica. Se trajo la Copa del Mundo pero no el Pichichi porque no marcó ni en las semifinales ni en la final. Un extraño regusto para el hoy delantero del Barcelona, que por entonces aspiraba a superar la mítica cifra de 44 goles de Raúl con la selección española. El triunfo colectivo solapó el escaso sabor de boca del éxito para el «7» de España.
Están a punto de cumplirse dos meses del hito y la selección ya está de nuevo en lo más alto del escenario. Afronta la fase de clasificación para el Europeo de Polonia y Ucrania. Arranca la primera de sus defensas. La Eurocopa. El torneo que hizo de catapulta para enviar a España a las cotas más altas del fútbol. La selección está en un grupo de cinco selecciones junto con la República Checa, Lituania, Escocia y Liechtenstein. Un «grupo exigente», según el seleccionador. La campeona del Viejo Continente se estrena en el modesto estadio de Vaduz frente a Liechtenstein. La cenicienta del grupo para los críticos.
Una elección bien hecha a la hora de pactar el calendario. Fuera de casa y ante el rival más débil. Un choque que sólo admite una lectura. Ganar. Sumar los tres puntos. Y si es posible golear para engordar el morral y evitar sorpresas en el futuro. Aquí entra David Villa. Es desde hace tiempo el delantero más fiable de España. Suma 42 goles en 65 partidos, un promedio que mejora ostensiblemente los números que logró en su día Raúl (44 goles en 102 encuentros). Hoy no es fácil golear a nadie, pero el nivel del contrario no debe suponer ningún problema. Siempre que no haya desgana o soberbia. La selección jugó en este mismo campo hace cuatro años, en la última fase de clasificación para un Europeo, y ganó por dos goles a cero. Ambos llevaron la firma de Villa. Los dos se lograron en la primer parte y luego el equipo se dedicó a sestear más de la cuenta.
La selección ni ha perdido ni ha recibido goles en sus cuatro enfrentamientos contra Liechtenstein. Pero tampoco debe confiarse. La presencia del amistoso contra Argentina, un acontecimiento que tiene embobado a la mayoría de los internacionales, puede representar un elemento de distracción. Una incomodidad. Por eso Del Bosque dará un toque de atención a los campeones. Primero ganar. Sumar los tres puntos. Y luego, a preparar el asalto al Monumental de Buenos Aires. La diferencia de goles puede ser vital en el desenlace del grupo y no es el momento de despistarse por mucho que se espere el choque ante la albiceleste.
Del Bosque no hará muchas pruebas en la defensa del título. Nada de experimentos. Quiere un rostro reconocible. No es muy amigo de las revoluciones en el once, aunque está obligado a un retoque. La lesiones de Albiol y Puyol —que se cayó de la concentración— implican la aparición de otro central. Piqué es fijo y su pareja debería ser Marchena. También existe la variante de Ramos, aunque jugaría ahí ante los delanteros argentinos porque son mucho rápidos.
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