«No hemos parado de recibir h...», frase contundente y anónima de una dirigente socialista analizando la visita a Cuba, que comienza hoy, de una delegación del PSOE, encabezada por su secretaria de Organización, Leire Pajín. Junto a ella viajan Elena Valenciano, secretaria de Política Internacional y Cooperación; Mariví Monteserín, secretaria general adjunta del Grupo Parlamentario Socialista; David del Campo, jefe de Gabinete de la Secretaría de Organización y José Antonio Espejo, coordinador de la Secretaría de Política Internacional y Cooperación. Que por cargos rimbombantes no quede.
Primer viaje oficial del PSOE a la isla «desde hace más de 15 años». Tres días de estancia y una agenda tan «light» como repleta de actos, pero en la que destacan sobremanera las ausencias. Básicamente asombra la falta de cualquier tipo de contacto, por mínimo que este fuera, con la oposición cubana.
Para Pajín y su séquito la disidencia no existe. Se van al Caribe a «tomar el pulso a la isla» y para ello se van a encontrar con otra retahíla interminable de cargos: con el Jefe de Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista de Cuba; con el Cardenal Arzobispo de la Habana; con la Federación de Mujeres Cubanas y con el Canciller Ministro de Relaciones Exteriores. Pero ni con un solo disidente. Tampoco es de extrañar porque, según confesión propia, «nos han ofrecido esa agenda». O, en otras palabras, los Castro les han organizado el viajecito. Y es que como alguno de sus responsables señaló: «A Cuba solo se puede ir de dos maneras: o como turista para ver disidentes si te dejan pasar o por el camino oficial y hay que elegir». La elección resulta evidente.
Coste político
La verdad es que a Pajín y Valenciano las han atizado de lo lindo. Han sido criticadas por la disidencia interna, por la externa, por los excarcelados repatriados a España, por buena parte del Parlamento Europeo, por Rosa Díez (UPyD) y por buena parte del Parlamento español, con el PP al frente. Las han vapuleado de tal manera que han llegado a preocuparse por «el coste en términos de política española». Tanto que ayer mismo, a pocas horas de la salida del avión, organizaron a toda prisa un encuentro para exponer sus motivaciones. Lo hicieron de acuerdo con esa inquietante fórmula del «off the record» por la que le cuentan de todo al periodista, pero no dejan que éste publique nada. En este caso levantaron ligeramente la veda y pusieron ciertas reglas. De tal modo que declararon impublicable todo, menos las tres razones que según ellos justifican el periplo caribeño, y, curiosamente, también se salvaron de la censura todos los ataques al PP. «Esos sí los podéis poner».
Cumpliendo el compromiso debe saberse que para Elena Valenciano el viaje a Cuba se explica: «Primero, porque no conocemos a nuestros homólogos, a los responsables de las relaciones internacionales del Partido Comunista de Cuba. Segundo, porque pretendemos modificar la posición común de la UE con la isla. Y, tercero, para ver de primera mano cómo va el proceso de excarcelación».
Tres teóricas razones, que en realidad se quedan en una bien práctica. La única que le interesa a Zapatero, que ha preferido enviar a una delegación de su partido, antes que a una de su Gobierno. Pajín y Valenciano van a hacer de voceras del régimen cubano. Van a «vender» normalidad, aperturismo y cambios estructurales. A pregonar que las excarcelaciones son un «hecho histórico» por el que el mundo entero «clamaba». En definitiva, van presentar argumentos a favor de la dictadura castrista. Como recordaba alguien del partido, «justo cuando se va a discutir en la Unión Europea el cambio de la posición común hacia Cuba» porque al PSOE «siempre le ha parecido que el bloqueo no ha servido para nada».




