Blackberry, hasta ahora sinónimo de confidencialidad en las comunicaciones, ha cedido ante el gobierno indio. Research in Motion (RIM), fabricante del teléfono, proporcionará acceso a su servicio de mensajería instantánea y correo electrónico empresarial, indescifrables para las agencias de inteligencia, desde el 1 de septiembre. De esta forma, la compañía canadiense evita el apagón de sus terminales previsto para hoy y obtiene una prorroga de 60 días para que el Gobierno evalúe la situación.
Pero la ofensiva india sobre las comunicaciones del ciberespacio no acaba aquí. El Gobierno espera que Blackberry, Skype y Google instalen servidores en el país para controlar sus comunicaciones. «Tendrán que proporcionar acceso completo a todas las comunicaciones que pasen a través de la India», informó a Reuters una fuente gubernamental. Nokia, principal rival de RIM en el subcontinente, ha dado el primer paso. Ayer anunció que instalará un servidor en el país y facilitará el acceso a los datos encriptados de sus teléfonos.
En aras de la seguridad
La India teme que dispositivos Blackberry sean utilizados por terroristas, como en el ataque de Bombay de 2008, que dejó 166 muertos. Sin embargo, los analistas no creen que el acceso a estos teléfonos mejore la seguridad. «El Gobierno no entiende esta tecnología. Internet está lleno de servicios de mensajería encriptados. Si yo fuese un terrorista no usaría Blackberry. Tienes que firmar un contrato con tus datos», explica Kunal Bajaj, director en la India de la consultora tecnológica Analysys Mason.
Se trata del último episodio de la pugna entre los gobiernos por controlar las comunicaciones cibernéticas y el derecho de los ciudadanos a la intimidad. El país asiático se unió a Emiratos Árabes y Arabia Saudí en la amenaza de bloqueo de algunos servicios de Blackberry si no permite la vigilancia de sus comunicaciones. La India, a diferencia de los dos países de Oriente Medio, presume de ser la mayor democracia del planeta, pero pretende escuchar y leer a sus ciudadanos en el ciberespacio.
La India permite la vigilancia de las comunicaciones telefónicas sin orden judicial en caso de amenaza a la seguridad nacional desde el ataque a Bombay en 2008. Ahora ha centrado su atención en el correo electrónico empresarial y la mensajería instantánea de los teléfonos de RIM, que tiene entre 700.000 y un millón de clientes en el país. El Gobierno indio dio de plazo a la compañía canadiense hasta el 31 de agosto para lograr acceso a estos servicios, indescifrables para las agencias de inteligencia.
«Si los terroristas pueden comunicarse con dispositivos a los que el Estado no tiene acceso, la seguridad del país está en entredicho», explica a ABC Vikram Sood, ex director de la Agencia de Inteligencia Exterior de la India. «Cuando hablamos de seguridad nacional la privacidad de los ciudadanos es irrelevante».
Sin embargo, muchos ciudadanos indios no ven con tanta claridad la intromisión en su privacidad en aras de la seguridad. «El término intimidad desaparecerá de nuestro léxico si el Gobierno puede escuchar o leer todo lo que decimos. Además, crecerá la caza de brujas por el abuso. No es buena idea que periodistas, activistas o cualquier persona pueda ser vigilada», afirma el analista político y ex parlamentario, Pritish Nandy.
Blackberry, que basa su reputación en la confidencialidad de sus comunicaciones, no quiere perder terreno en un mercado de 675 millones de móviles, con 15 millones de nuevos clientes cada mes. Sin embargo, estos conflictos están pasando factura a la compañía canadiense. Sus acciones en Bolsa han caído a su nivel más bajo en 16 meses.
Con la apertura de Blackberry e —hipotéticamente— Skype y Google, internet tendría menos secretos para las agencias indias de seguridad. «El Gobierno ya vigila la web.Todo lo que no esté codificado es accesible para las agencias de inteligencia», señala Bajaj. «Es excesivo que el Gobierno tenga acceso ilimitado a los correos electrónicos y mensajes. Solo debería permitirse cuando existan sospechas fundadas», denuncia.
Abuso de poder
No es primera vez que el Gobierno asiático choca con las telecomunicaciones. La telefonía móvil no llegó a la Cachemira india, región que se disputa con Pakistán, hasta 2004 para prevenir su uso por parte de militantes islámicos.
En noviembre del pasado año el Gobierno alegó los mismos motivos cuando prohibió los móviles prepago en este estado del norte de la India. Hasta 3,8 millones de personas se vieron afectadas. Tres meses más tarde se levantó la prohibición.
El Gobierno asegura que solo persigue la seguridad de sus ciudadanos, pero muchos de los ciudadanos indios creen que se recortan sus derechos y que se invade su intimidad. «¿Quién quiere que el Gobierno esté al tanto de sus secretos sexuales o empresariales? La amenaza del terrorismo no da al Estado el derecho de suprimir el legítimo derecho a la privacidad. Es un abuso de poder», escribe el actor Kabir Bedi en la revista «Tehelka».



