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Los iraquíes exigen un gobierno capaz de garantizar la seguridad

Visita sorpresa de Joseph Biden a Irak para conmemorar el fin de las operaciones de combate de EE.UU.

Día 31/08/2010
Los milicianos, como el de la imagen, tienen miedo a represalias por haber ayudado a EE. UU.
Ha llegado el día D. El mundo espera hoy las palabras del presidente de EE.UU. para saber si hay novedades sobre su idea de que «la guerra está terminando» e Irak «es libre para trazar su propio futuro». Un futuro que empezará a caminar con la presencia de algo menos de 50.000 soldados de EE.UU. repartidos por todo el país y cuya labor, sobre el papel, será la de «colaborar para estabilizar el país».
El debate sobre la retirada de EE.UU. se eleva a las altas esferas de la vida política del país, a pie de calle es un tema no prioritario desde que los estadounidenses salieron de los núcleos urbanos en junio de 2009. Hoy tienen bastante con superar el rosario de puestos de control, superar el laberinto de muros de hormigón y barreras de alambre que cortan las calles y vivir a una media de cincuenta grados con apenas cuatro horas de electricidad al día. La falta de seguridad y de servicios hace que una buena parte de la población añore incluso los años de la dictadura baazista.
Nuri Al Maliki y George W. Bush firmaron el acuerdo de seguridad a finales de 2008 y los plazos se están cumpliendo. El descenso progresivo de fuerzas americanas ha sacado del país a 90.000 soldados en apenas un año y Barack Obama está cumpliendo con su promesa electoral. Sus votantes pueden estar más contentos que los votantes iraquíes que seis meses después de las elecciones siguen sin gobierno.
«Vacío de poder»
«Claro que influye este vacío de poder en la situación de seguridad ya que no hay forma de trazar un plan en estas condiciones», advierte el viceprimer ministro, Rafie al Issawi, que en las pasadas elecciones formó parte de la lista ganadora de Iraqiya. Los políticos iraquíes, sin excepción, califican la retirada de «demanda nacional», pero a la hora de analizar los plazos es cuando surgen las diferencias, un tema más en el que no hay acuerdo entre una clase dirigente cada vez más alejada de las demandas de los ciudadanos y envuelta en escándalos de corrupción. El vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, aterrizó ayer en Bagdad para asistir a la puesta en marcha de la Operación Nuevo Amanecer y reunirse con los políticos locales e intentar relanzar un diálogo imprescindible para sacar a Irak del desgobierno.
En Ciudad Sadr los representantes de la Corriente Sadrista, liderada por el clérigo chií Muqtada Al Sadr, exigen «una retirada inmediata y total», un mensaje que sus milicias, oficialmente congeladas, implementan a base de ataques contra las patrullas de EE.UU. En las zonas suníes es donde más dudas se perciben ya que «nuestras fuerzas de seguridad se han creado sobre una base sectaria y ahora son los chiíes dirigidos por Teherán los que dominan la situación», defiende el jeque Abu Risha, creador de los Consejos del Despertar suní en la provincia de Al Anbar. La amenaza de un rebrote de la guerra sectaria está sobre la mesa y ninguna de las dos sectas, suníes y chiíes, olvidan el baño de sangre de la posguerra, por ello cuentan con sus propios grupos paramilitares en la recámara.
«La política iraquí se basa en intereses, no en ideales. Cada uno persigue su objetivo personal por encima del nacional», es el análisis de un investigador iraquí que colabora con un prestigioso organismo internacional y que advierte sobre «el hastío de unos ciudadanos que se jugaron la vida por votar y que ahora ven a los políticos pelear por los asientos en lugar de pelear por ellos».
Los mercados de Bagdad se llenan cada mañana y en puestos como el de Faysal Obeid en la calle Al Rasheed los vecinos compran zumos desde los años cincuenta. «Hace tiempo que los americanos son un simple juguete de la política local y de verdad he llegado a pensar que hay gente que crea los problemas para que ellos sigan y así siga el negocio. Los queremos fuera, pero no es el momento», declara Faysal mientras señala a un puesto de la Policía en el que dos agentes se protegen del sol como pueden y apenas prestan atención a los coches que pasan ante ellos.
Zonas en disputa
En ciudades como Kirkuk, al norte del país, las cosas no cambiarán a partir de mañana ya que al ser declarada «zona en disputa», las fuerzas americanas conservarán la capacidad que han tenido desde el comienzo. Lo mismo ocurrirá en Diyala o Mosul «y allí donde se reclame nuestra intervención por parte de las fuerzas iraquíes porque conservamos nuestra capacidad ofensiva», aclara el mayor Chris Auclair, destacado en la base Loyalty de Bagdad.
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