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Internacional / ALEMANIA

«Los musulmanes cuestan a la sociedad más de lo que aportan»

Un político socialdemócrata alemán desata la controversia sobre la incompatibilidad occidental con la cultura musulmana

Día 31/08/2010 - 13.56h
Los inmigrantes musulmanes cuestan «a la sociedad más de lo que aportan», concluye un polémico político socialdemócrata tras medio siglo de inmigración en Alemania, quien sugiere que las ventajas del estado de bienestar europeo no serían estimulantes para una cultura musulmana a la que, en su nuevo libro, considera adversa al desafío y la iniciativa.
El ex consejero de Hacienda de la capital alemana, y hoy directivo del Banco Central alemán, el Bundesbank, Thilo Sarrazin, ha desatado una fuerte controversia con los estereotipos que aborda su libro «Alemania se disuelve». En él predice la eutanasia de su país, autoproducida por un estado que atiende de oficio a cuantos no logran incorporarse al sistema social, y un exceso de solicitantes por la inmigración de una cultura que no desea participar.
El postulado lo cruza con el argumento demográfico de que Alemania, con España e Italia, es de los países que menos se auto-repueblan, y envejece a ojos vista; la excepción se da precisamente en esa capa inmigrante no integrable, que en su opinión «no hace nada por el bienestar de sus hijos y produce en masa muchachitas con el pañuelo islámico».
Esto lleva a Sarrazin a denunciar un futuro islamizado que «no quiero para mis nietos». «Un país mayoritariamente musulmán, en el que se hable árabe y turco predominantemente, en el que las mujeres lleven el pañuelo islámico y en el que la vida cotidiana está marcada por la voz del muecín».
Pero el político del SPD no sólo apuntala con montañas de datos y estadísticas, fiscales y educacionales, la supuesta incapacidad musulmana para incorporarse al estilo de vida occidental; también desliza estereotipos y genetismos que han levantado ampollas, en un país marcado por el drama ejecutor de las teorías raciales de principios de siglo.
Los judíos, «como los vascos»
En particular ha causado pasmo su identificación de los judíos con una raza, refiriéndose a un gen predominante «como los vascos». Desde todos los frentes se pide su cabeza, su cese en el Bundesbank o su expulsión del partido Socialdemócrata, pero Sarrazin ha respondido que quiere contra-argumentos y no amenazas y que plantear problemas y «polémicas incómodas» es parte del papel intelectual en la sociedad occidental que dice «amar» y defender.
La canciller ha sugerido su dimisión del Bundesbank y Sarrazin ha respondido que espera que Angela Merkel lea antes su libro. La secretaria general del SPD, Andrea Nahles, le acusa de «maltratar el nombre del SPD» y el jefe de su partido en Berlín, Michael Müller, le ha pedido ya por carta que abandone la formación, por contraponer sus tesis a la «política de integración socialdemócrata».
También desde la Unión Democristiana (CDU) y las Iglesias se ha criticado los argumentos como «dañinos» y «exacerbantes» y el Consejo Central de los Judíos en Alemania ha aconsejado al político que ingresar en el neonazismo del partido Nacional Demócrata Alemán (NPD). El ministro federal de Hacienda, Wolfgang Schäuble (CDU), se ha «alegrado de que Sarrazin no pertenezca a mi partido. Me avergonzaría si alguien de mi grupo dijera cosas parecidas». El presidente de la Comunidad Turca en Alemania, Kenan Kolat, también miembro del SPD, confía en que Sarrazin terminará abandonando el partido «o lo harán marcharse».
Sobre si el tono provocador busca espolear el lanzamiento, el comunicador Michel Friedman, de origen judío-alemán, escribe en Bild: «¡Basta ya de tolerancia para con esta intolerancia! Está bien provocar, pero basta de cebarse y de difamar. No necesitamos a predicadores del odio, especialmente en el Bundesbank». El ministro de Defensa, zu Guttenberg, añade que «hay límites para toda provocación y Sarrazin ha traspasado claramente las fronteras».
El ex ministro regional de Hacienda ha solido lamentarse de la cantidad de inmigrantes musulmanes que vivirían de las arcas de la ciudad de Berlín; al dejar su cargo dijo hace meses que no tenía porqué «aceptar a quien vive de las ayudas de un estado que rechaza, no se interesa suficientemente en la educación de sus hijos y produce constantemente nuevas niñas con "hiyab"». Ahora en su libro abunda en que «los inmigrantes musulmanes, en todos los países europeos, le cuestan a la sociedad más de lo que aportan debido a su escasa actividad laboral y a los beneficios sociales que reciben».
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