ÁNGEL COLLADO
MADRID
La investigación de la OTAN sobre el ataque al antiguo cuartel de las tropas españolas en Qala-i-Naw, donde fueron asesinados el pasado miércoles los oficiales de la Guardia Civil José María Galera y Leoncio Bravo más el intérprete del Ejército Ataollah Taefik Kalili, confirma que fue coordinado por «los terroristas» junto con los disturbios posteriores, hasta el extremo de que «los manifestantes» arrojaron al cuartel granadas de mano y «cócteles molotov», como ya adelantó ABC. Sobre Ghulam Sakhi, el conductor del capitán de la policía afgana en Qala-i-Naw que mató a los tres españoles, la Isaf (misión de la Alianza Atlántica en el país) reconoce que eran conocidas sus relaciones con terroristas en la zona y había llegado a ser detenido por ello.
A las fuerzas de la OTAN les cuesta trabajo medir los vínculos familiares o tribales de los aspirantes a policías con los talibanes o «insurgentes». En la nota publicada en su web, Isaf reconoce que Sakhi había sido arrestado y desarmado —le quitaron el permiso— hace un año por sus amistades con el adversario. Tenía un cuñado talibán muy conocido. Sin embargo, fue puesto posteriormente en libertad e incluso readmitido en la policía local porque contaba con el aval de dos jefes tribales de la provincia bajo control español.
El conductor entraba armado sin ningún problema en el cuartel de la policía, en manos de las fuerzas locales después de que las tropas españolas se concentraran a partir del pasado año en la vecina y recién construida base de las afueras de Qala-i-Naw. Desde allí los instructores de la Guardia Civil se desplazan diariamente a la base de las fuerzas de seguridad gubernamentales para formarlas.
El informe de la OTAN también confirma que no fue un ataque suicida. Sakhi no llevaba explosivos y disparó con su kalashnikov solo contra los tres españoles para intentar después darse a la fuga. «No abrió fuego contra nadie más e intentó escapar tras el asalto», añade la investigación. Los agentes de la Benemérita que se ocupaban de la instrucción abatieron a tiros al agresor, que quedó tendido en el suelo a pocos metros de la entrada.
A los 25 minutos empezó la violenta protesta en el exterior. Montones de piedras apilados en la calle previamente demostraban la coordinación del ataque. Había manifestantes armados con granadas de mano y «cócteles molotov», además de traviesas de madera para destruir las alambradas y después saltar la valla.
Balance de heridos
Según confirma el militar británico responsable de la investigación, el general de brigada Allan McLeod, los guardias civiles se quedaron en el interior del cuartel mientras la policía afgana repelía el intento de asalto a las vallas y frenaba los disturbios que siguieron por la ciudad. Isaf hace un balance de 25 heridos, 11 de bala, pero descarta que alguno de ellos lo sea por disparos de sus fuerzas, en este caso españolas.
La Isaf concluye que los asesinatos y las revueltas posteriores estaban coordinados por los terroristas y que estos «planean este tipo de ataques para tratar de separar a la gente de Afganistán del Gobierno».
En España, desde la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC), su secretario general, Alberto Moya, ha pedido la retirada de los agentes del cuerpo destinados en Afganistán en misión formativa porque «su seguridad no está garantizada», según informa Ep. Moya insistió en que la Guardia Civil «no tiene medios ni está preparada para asistir y desarrollar su función en un conflicto bélico» y destacó que los tres españoles no han muerto en un atentado terrorista, sino en acto de guerra.




