Luego habrá tal vez otras imágenes, pero de antemano parece que la de este festival de San Sebastián es ya el metro y medio de sonrisa de Julia Roberts, la estrella de esta nueva edición, galardonada con el premio Donostia, que además trae su nueva película «Come, reza, ama», con Javier Bardem.
Más preocupado por la salud mental de sus invitados que el de Venecia, el Festival de San Sebastián, que llega a su edición 58 y se celebrará entre los días 17 y 25 de septiembre, dosifica sin rastro de inquina el número de películas programadas: se pueden ver todas sin tener que burlar el control antidoping.
Anotaremos, por ahora, sólo las españolas y las que se antojan más prometedoras: «Pa negre», de Agustí Villaronga; «Elisa K», de Judith Colell y Jordi Cadena; «El gran Vázquez», de Óscar Aibar; «Aita», de José María de Orbe; «Bicicleta, cullera, poma», de Carles Bosch; la mexicana «Chicogrande», de Felipe Cazals; la argentina «Cerro Bayo», de Victoria Galardi. Y luego, el norteamericano John Sayles, el coreano Kim Je-Woon, el británico Peter Mullan, el poliédrico Raúl Ruiz y la suizo-alemana Sophie Heldman.
El caso es que entre el Festival de Venecia, el de San Sebastián y el de Toronto, que se celebra solapado entre ambos (entre el 9 y el 19) y como un reflejo de ellos, se proyectan prácticamente todas las películas de la próxima temporada.
En San Sebastián se podrán ver las últimas obras de Isaki Lacuesta y de José Luis Guerín, que también pasarán algo antes por el de Venecia . «Lope» estará en Venecia y en Toronto, donde se podrá ver «Biutiful», la película de Iñárritu que se estrenó en Cannes. Toronto presentará dos peculiares filmes españoles, el que ha rodado Emilio Estévez en Galicia, «El camino», y el ya celebradísimo «Enterrado», de Rodrigo Cortés.
Y pasado septiembre, visto lo visto, y tras un exhaustivo reconocimiento médico físico y mental, uno oye la palabra «película» y no puede reprimir algo parecido a una arcada.


