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El encierro más accidentado

Día de récord en la «Pamplona chica» con 12.000 espectadores y 3.000 corredores

Día 29/08/2010
Lleno hasta la bandera. El tercer encierro de los seis que se celebrarán en San Sebastián de los Reyes hasta el martes superó todas las cifras de participación de días anteriores. Más de 12.000 espectadores y 3.000 participantes hicieron de esta carrera, que se saldó con un corneado, la más multitudinaria. Centenares de aficionados aprovecharon el fin de semana para ir hasta la «Pamplona chica» y disfrutar de unos encierros que, con cinco siglos de tradición, están considerados los más populares de España, después de los sanfermines.
Las aglomeraciones fueron una constante a lo largo de los 800 metros de recorrido. Tras las vallas, dentro del trayecto e, incluso, en los balcones de las casas, no cabía un alfiler. Una masificación que dificultó la carrera, en la que se registraron trece contusionados y un herido por asta de toro. El incidente ocurrió en Estafeta, antes de entrar en la plaza, cuando el joven que había llegado desde Ávila, para participar en los encierros, recibía una cornada en el glúteo izquierdo que, aunque lo tuvo en observación, no revestía gravedad.
Los toros de la ganadería José Luis Marca completaron el trayecto en 1 minuto y 51 segundos. Una vez más, un encierro rápido en el que se templaron toros desde, casi, el principio del recorrido en la calle Real la Vieja, hasta donde los corredores más veteranos subieron para evitar las aglomeraciones más cercanas a la plaza.
Chupinazo con dedicatoria
Veterano en estas lides también es Pedro María Rivera, pero desde otro punto de vista, el que le da su particular atalaya, colocada en el recorrido del encierro. A ella se sube cada mañana para tirar el chupinazo. Desde hace 29 años, él es el encargado de dar comienzo a las carreras. El cohete de ayer, festividad del Santísimo Cristo de los Remedios, se lo dedicó a Izan Tejero, el joven de «Sanse» que perdió la vida el pasado 3 de julio en los encierros nocturnos de Fuentesaúco (Zamora). El jueves, la
dedicatoria fue para Yolanda Barcina, alcaldesa de Pamplona, y todos los pamploneses; y el viernes para Óliver Mancha, un corredor local.
Como cohetero, Pedro tiene una labor imprescindible aunque él prefiere considerarla «una más». «Todos somos importantes, esto es un equipo, un engranaje», afirma. Para este catalán, afincado en «Sanse» desde hace más de 30 años, los encierros suponen seguir «con nuestra cultura, historia y tradición», afirma. Por ello, pide respeto y libertad para los que le guste la fiesta, ahora que en Cataluña han prohibido las corridas. Como corredor que fue, siente especial afecto y miedo por los que se ponen cada día delante del toro y aunque cuenta que colgó las zapatillas hace mucho tiempo, confiesa que le cuesta no bajar a correr. De momento, hoy, como cada día, a las ocho estará preparado para dar un nuevo chupinazo.
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