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«Al Qaida quiere hacernos daño en el Magreb pero también en España»

Funcionarios españoles sostienen que, tras la liberación de los voluntarios catalanes, Madrid debe reforzar su presencia en la zona Sahara-Sahel

Día 29/08/2010
Hay una nueva región en el norte de África que no entiende de países, ni de desiertos, ni de tribus, ni de pueblos, ni de idiomas, ni de fronteras, ni de gobiernos, ni de historia, ni de leyes... Es la región de Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), cuyo territorio conocemos un poco más tras el secuestro de los tres voluntarios españoles. En el ideario de este grupo terrorista está extender los dominios de esta nueva región en plena ebullición a España, su ansiado Al Andalus
AQMI es una banda nacida hace un lustro del extinto Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) de Argelia que, a la sombra de la franquicia de Bin Laden, ha cobrado fuerza en el panorama de la «yihad» (guerra santa) internacional. Uno de sus objetivos es extender sus tentáculos más allá de las fronteras argelinas y hacerse cada vez más fuerte fuera de lo que debería ser su ámbito natural, el Magreb. Y lo están consiguiendo.
Para muestra, el último botón. Los voluntarios españoles Alicia Gámez, Albert Vilalta y Roque Pascual fueron secuestrados en Mauritania, retenidos en Malí por una célula liderada por un argelino con numerosos africanos a su cargo y liberados finalmente en Burkina Faso, tras varios intentos que no cuajaron.
Los terroristas que han mantenido a los españoles en el desierto son originarios de Argelia, Marruecos, Mauritania, y otros países más allá del Magreb como Malí y Burkina Faso e incluso de más al sur como Nigeria o Guinea, explican a este corresponsal fuentes cercanas a la investigación del secuestro de los tres cooperantes catalanes.
Mauritania, la mejor base
Vilalta y Pascual regresaron el martes a Barcelona tras 267 días de cautiverio. El secuesto más largo de AQMI ha tocado a su fin, pero lo ocurrido a lo largo de estos casi nueve meses hará replantear la presencia española en el norte de África, como reconocen a ABC varias fuentes que han seguido de cerca el caso. Insisten en que la inseguridad se ha disparado, especialmente en Mauritania, el país en el que Al Qaida ha encontrado mejor caldo de cultivo para implantarse en los últimos años.
Tienen claro que la liberación de Vilalta y Pascual, tras nueve meses de trabajo sin descanso de decenas de funcionarios españoles, es sólo una batalla dentro de la guerra, que va a continuar. «Desde 2007 la amenaza es concreta en Mauritania. Se ha seguido (para secuestrarlos) a diplomáticos extranjeros, sus horarios, sus costumbres... Lo han intentado ya y lo pueden hacer conmigo», piensa un funcionario español en este país.
«Este no es sitio para venir. Estamos en un bombo y esto se va a repetir, y no creo que solo porque se haya pagado», añade refiriéndose al peligro que supone para un extranjero desplazarse o vivir en Mauritania.
«Estamos ante la peor situación. El riesgo es muy alto y habrá más ataques y secuestros», pronostica un agente español asentado desde hace varios años en la región. «Mauritania es ahora el país más peligroso de la zona, más que Argelia incluso. Está en medio de la ola. Hay mauritanos dentro (de AQMI) y es un país débil, sin muchos medios ni capacidades, aunque es cierto que las autoridades están haciendo un gran esfuerzo porque han terminado por darse cuenta de que es una amenaza seria para ellos».
¿Cómo debe hacer frente España en la región del Sahara-Sahel a esta ofensiva tras la liberación de los cooperantes? La colaboración con las Fuerzas de Seguridad y los servicios secretos existe, pero debe ser reforzada, reconocen varias fuentes. «España debe ser más activa en intercambio de información y desarrollo de sus servicios de inteligencia (con los países de la zona), sobre todo a nivel de terrorismo y tráfico de drogas», añade otro agente desplegado en la zona evocando el modelo desarrollado por nuestro país especialmente desde 2006 para frenar la emigración clandestina.
En este sentido «no tenemos nada y Francia nos lleva ventaja» con agentes especializados en la lucha contra el terrorismo, las drogas y mucho más personal dedicado al espionaje en todos estos países. «Por eso, este es el momento de ir más allá. Esa gente (AQMI) quiere hacernos daño aquí, pero también en España», donde desde hace años hay células desplegadas y algunos de cuyos miembros cuentan con gran movilidad y experiencia internacional así como un basto conocimiento de la sociedad española. Los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid son solo un ejemplo.
A falta de reivindicación todas las miradas apuntan a que fue AQMI la que trató de organizar una matanza en un cuartel de Nema (Mauritania) pocas horas después de la liberación de los cooperantes españoles. Sólo murió el kamikaze, que fue acribillado antes de que consiguiera hacer estallar su vehículo cargado de explosivos, que saltó por los aires sin causar muertos entre los militares.
Bien posicionados
«Estamos en un momento delicado porque los gobiernos locales nos pueden acusar de esta inestabilidad por haber pagado», afirma un agente consciente de que el dinero que llega a AQMI a través del pago de rescates es empleado, entre otras cosas, en cometer atentados.
No obstante, y pese a la necesidad de refuerzos, hay que tener en cuenta que a España se la considera experta en la zona occidental del Magreb. Así, en junio durante una conferencia celebrada en Madrid a la que asistieron representantes de los principales Servicios secretos europeos se propuso un reparto de miembros en busca de mayor especialización. El criterio acordado fue el área de influencia de cada país. Hubo acuerdo en la supremacía indiscutible de Francia en la zona oriental del Magreb, pero también en que esa misma posición la ocupaba nuestro país en el área occidental.
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