La maledicencia les ubica en un futuro a corto o medio plazo en un plató de televisión, llorando recuerdos con o sin dinero de por medio, o en una entrevista exclusiva en papel prensa que condenará al resto de medios a la cita. Ya se verá. De momento, sin embargo, como ya hiciera Alicia Gámez al regresar a la libertad el pasado enero, los cooperantes Roque Pascual y Albert Vilalta guardan silencio sobre su cautiverio y su libertad recobrada. Abrumados por el acoso mediático, intentan volver a la normalidad refugiándose en su familia y amigos. «Tienes que pensar que ellos son personas normales, que eran anónimas, y ahora...», explica a ABC Roque, hijo de Roque Pascual.
A su llegada el pasado martes de madrugada al aeropuerto de El Prat, Albert y Roque dieron sus primeras y por ahora únicas explicaciones públicas de su secuestro de casi nueve meses en manos de esbirros de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). Vilalta, apoyado en la muleta que auxilia su pierna coja por una bala, no pudo contener las lágrimas mientras hablaba de un secuestro «salvaje», daba gracias al Gobierno por sus gestiones y recordaba a su familia: mujer, sus tres hijos, hermanos...
«Ahora me voy de vacaciones» A Pascual, en cambio, se le vio más entero, pese a los 22 kilos perdidos por la dieta forzosa, eufórico a ratos; hasta se permitió bromear cuando pidió una tregua a los medios de comunicación. «Ahora me voy de vacaciones un par de semanas y tranquilos, que a la vuelta ya hablaremos», proclamó ante los más de cincuenta periodistas que acudieron al aeropuerto a recibirles. «Nos ha dicho que ahora quiere conservar la figura que le ha quedado», cuenta su hijo.
Poco ha trascendido sobre las condiciones de su cautiverio en el desierto más allá de lo que ellos mismos declararon («dormimos como ellos (los captores), comimos como ellos...»), o de lo que revelaron algunos de sus allegados, como los miembros de la ONG Barcelona Acción Solidaria. Como que les dejaban oír la radio, de vez en cuando, para escuchar noticias, «no música». Así supieron de la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol.
«Está bien. Ha venido muy fuerte, pero es que no queremos hablar, de verdad, queremos tranquilidad...», respondía por teléfono el hijo de Roque, quien no desaprovechaba la ocasión, eso sí, para lanzar algún reproche al trato recibido por algunos medios de comunicación. «Se han publicado cosas que no son ciertas, como que durante el secuestro mi padre pudo llamar a mi madre, y otras cosas», se lamentaba.
Roque hijo, como los más cercanos a Vilalta, no suelta prenda sobre los primeros días en libertad de los cooperantes, aunque otras fuentes de su entorno aseguran que ambos se recuperan bien.
«El pasado miércoles uno se fue a la playa y el otro se fue a cortar el cabello y luego se tomó una cerveza con unos amigos», filtran estas fuentes. (De la profusa melena que lucía Pascual el día de su regreso a España se deduce quién es quién).
Pero todos queremos saber más. ¿Qué comieron al llegar? ¿Qué antojo tuvieron al volver a su vida de antes? ¿Dónde están ahora? Nada. A Roque se le sitúa en su ciudad, Santa Coloma de Gramenet, o cerca de ella, aunque barrunta irse unos días «fuera» con su esposa, Isabel, o «solo», concede su hijo entre tanto hermetismo. A Vilalta, se le cree descansando en el Pirineo. A juzgar por sus gestos públicos, Roque parece haber encajado mejor el drama. Incluso quiso asistir a la concentración popular que se hizo el pasado miércoles en la Plaza del Rey de Barcelona para celebrar su liberación, la misma manifestación que desde que comenzó el secuestro pedía cada miércoles su libertad, según explican desde BAS.
Finalmente no fue porque su familia le disuadió.Tampoco estuvo allí Alicia Gámez, liberada desde enero pero desde entonces presa de un trauma –«no salía de casa», dicen—; incapaz de volver a su trabajo como funcionaria de justicia. «Alicia quedó traumatizada porque el día que la liberaron no supo hasta muy al final que sólo ella, y no sus compañeros Roque y Albert, volvía a casa», explica Francesc Osán, director de Barcelona Acción Solidaria.
«Mi felicidad no será completa hasta que vuelvan Albert y Roque», dijo Alicia al aterrizar en suelo español. Ahora, junto a Roque y Albert, ya tiene todas las piezas para empezar a recomponer su vida.




