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El Gobierno ratifica su compromiso en Afganistán hasta el final de la misión

El contingente español no estará entre los primeros que dejen el país asiático a partir del próximo verano

Día 27/08/2010
El Gobierno mantendrá las tropas españolas en Afganistán —ahora mismo unos 1.500 militares, incluida una cuarentena de guardias civiles— hasta el final de la misión de la OTAN y España no estará entre los primeros países que retiren sus fuerzas de la zona, independientemente de los progresos que se hagan en la provincia asignada, Badghis, y del anuncio hecho por los estadounidenses, dispuestos a comenzar el repliegue a partir del verano próximo.
La función principal asignada a los españoles es la formación de militares y policías afganos en Qala-i-Naw y Herat y se mantendrá hasta el final. Ese es el compromiso del Ejecutivo de Zapatero con los Estados Unidos, la instrucción con que trabaja el Estado Mayor de la Defensa y el mensaje que se ha hecho llegar a la oposición, ya antes del ataque talibán en que murieron los dos oficiales de la Guardia Civil y el intérprete.
Las fuerzas españolas tienen que formar antes de que termine el año un total de 2.000 militares afganos con destino a unidades que se desplegarán en la zona oeste del país. Además, la instrucción de policías para velar por la seguridad en Badghis había contribuido a que en los últimos meses la provincia asignada a los españoles fuera calificada por la Isaf (misión de la OTAN) como zona de «economía de esfuerzos» porque la amenaza de la insurgencia era menor que en el resto del país. El compromiso es continuar con ambas funciones a largo plazo.
El debate abierto en los Estados Unidos y en los mandos de la Alianza Atlántica sobre la conveniencia de establecer un calendario de retirada de tropas cuando no se han conseguido los objetivos fijados para frenar la ofensiva talibán distorsiona cualquier cálculo sobre el fin de la misión. Pero el anuncio de replegar fuerzas a partir de mediados del próximo año está referido a las unidades consagradas al combate —norteamericanas y británicas—, no a las dedicadas a la instrucción de policías y militares afganos y al sostenimiento de las autoridades locales y control del territorio como es el caso de las tropas españolas.
El propio gobernador de Badhis, Dilbar Jan Arman, que durante el pasado miércoles conversó dos veces por teléfono con la ministra de Defensa, Carme Chacón, lanzó el mensaje de que las fuerzas españolas, pese al ataque, seguirán con su misión de «seguridad y formación».
Aparte del compromiso internacional, el Gobierno se enfrenta a la cuestión doméstica. Tiene el apoyo incondicional del Partido Popular para haber multiplicado por cuatro el número de militares en la guerra de Afganistán, pero Zapatero evita dar la cara en el Congreso. En febrero se comprometió a comparecer en la Cámara, pero no ha encontrado hueco para hacerlo desde entonces. Carme Chacón carga en exclusiva con la tarea. En el Parlamento, solo Izquierda Unida y los nacionalistas de izquierda defienden la retirada de las tropas de Afganistán sin contar con los aliados, tal y como hizo el propio Zapatero con las fuerzas destinadas en Irak en 2004 nada más llegar al poder.
La llamada de Obama
La llamada de Obama fue fundamental hace un año para que las tropas españolas duplicaran su número y a partir de la primavera pudieran salir de sus bases principales como Qala-i-Naw para disputar a los insurgentes el control de las carreteras de la provincia. Esa decisión fue fundamental para fortalecer a las autoridades locales.
La ofensiva talibán en la provincia asignada a los españoles complica ahora todo. Las primeras investigaciones que las fuerzas españolas han hecho sobre lo ocurrido confirman que los talibanes tenían organizada una revuelta general en Qala-i-Naw en la que el asesinato de los guardias civiles y el intérprete era el detonante para buscar una batalla de la población civil contra la policía afgana y sus instructores.
Los primeros manifestantes estaban ya cerca del cuartel cuando se registró el tiroteo, inmediatamente reclamaron el cadáver en la puerta de la base y empezó el intento de asaltarla con piedras y palos. Al mismo tiempo empezaron los incidentes en otros puntos de la ciudad, donde los talibanes procedieron de la misma forma contra edificios oficiales.
Según fuentes de Defensa, también se ha constatado que los promotores de todos los disturbios ni siquiera eran de Qala-i-Naw, sino que procedían de otras zonas del país y habían llegado a la ciudad organizados por los talibanes. No obstante, otras fuentes reconocen que tienen identificado un barrio concreto de la población más proclive a la insurgencia, aunque el conjunto de la población acoge favorablemente la presencia de las tropas españolas.
La muy medida respuesta de la guarda de Qala-i-Naw con disparos disuasorios y sin heridos evitó que los disturbios fueron a más, aunque sí hubo heridos en otros puntos de la ciudad donde las policía afgana pudo contener la revuelta.
Los citados datos, más el relato de los hechos y los detalles de los momentos de tensión vividos durante la jornada, fueron explicado ayer por el Jefe del Estado de la Defensa, José Julio Rodríguez, en persona al presidente del Gobierno y al jefe de la oposición. Mariano Rajoy, en un corrillo que se formó en el aeropuerto de Torrejón al llegar los cadáveres.

«Ellos nos prestan todo tipo de ayuda»

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