Algo tendrá el tango que ha trasgredido el tiempo y las fronteras y se ha convertido en Patrimonio de la Humanidad. Prueba de ello son las 405 parejas, procedentes de 18 países, que se han inscrito en la octava edición del Mundial de Tango, que se celebra estos días en la ciudad de Buenos Aires. Esta danza, surgida como medio de expresión de la clase social rioplatense emergente tras la amalgama inmigratoria de fines del siglo XIX, esconde su «por qué» en el misterio que se oculta entre los cuerpos de los dos bailarines. Enrique Santos Discépolo comentaba que el tango es «un pensamiento triste que se baila». En el ambiente tanguero, se dice que bailarlo es como «tener un corazón con cuatro patas». Quizás sea Raúl, un milonguero radicado en Madrid, el que describa su encanto de una forma más precisa: «Hay otras danzas con abrazo, pero no tienen el veneno del tango».
Tal es el interés de la convocatoria de este mundial, que el número de parejas inscritas ha subido un 30% este año y
las 15.000 entradas puestas a disposición por el gobierno porteño se agotaron a las pocas horas. De forma paralela, se celebra el Festival de Tango, que reúne a algunos de los máximos representantes de este género, con espectáculos, conciertos, bailes populares, conferencias y clases gratuitas por toda la ciudad. Los organizadores esperan superar el récord de 2009, que contó con más de 300.000 asistentes.
Las 15.000 entradas se agotaron a las pocas horas
Porteño, universal... y japonés
El Mundial se divide en dos categorías: «Salón», referido a la práctica tradicional de este baile, y «Escenario», en la que se despliega la fusión con otras danzas, como el contemporáneo y el clásico. El año pasado, una pareja japonesa ganó el galardón de la primera categoría, con lo que los extranjeros rompieron por segunda vez la hegemonía de lo argentinos, aunque estos triunfaron en la modalidad de escenario.
«Después de que el tango fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y con los últimos campeones oriundos de Japón, puedes notar mirando alrededor que hay muchos extranjeros. Muchos asiáticos, también franceses y españoles», destacó el ministro de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, Hernán Lombardi, en la presentación del Festival de Tango. Hecho que demuestra que aunque no hay nada más porteño que el tango (a excepción del dulce de leche y el asado, claro) esta danza dejó de ser argentina para ser universal.
La final del esperado concurso tendrá lugar el lunes 30 para la categoría «Salón», y el martes 31 para «Escenario». Las parejas ganadoras se llevarán un premio de 20.000 pesos (unos 4.000 euros). El cierre contará con un concierto del músico panameño Rubén Blades, que interpretará sus canciones en clave de tango y milonga, que se realizará en el mítico Luna Park, estadio cubierto que alberga conciertos de grandes artistas argentinos e internacionales (y que en su día supo ser un auténtico «templo» del boxeo). Allí, entre «ochos» y «ganchos», rugidos de bandoneones y el perpetuo eco de los vítores del pasado se despedirá un año más un festival que se ha convertido en marca registrada del país sudamericano. «El tango está lleno de despedidas», decía Ramón Gómez de la Serna. Por suerte también lo está de «hasta prontos».




