«Ha habido una mejora en la llegada de fondos. Parece que los donantes se han dado cuenta de la escala del desastre», señaló a Reuters Maurizio Giuliano, portavoz de la ONU. «Pero el problema es masivo y las inundaciones no han terminado».
Casi tres semanas después de las peores inundaciones en su historia la situación es desesperada con 20 millones de personas afectadas. Una catástrofe humanitaria «sin precedentes», sentenció el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en su visita al país. Los damnificados por el tsunami de 2004 y los terremotos de Cachemira en 2010 y Haití en 2010 alcanzaron los 11 millones.
A pesar del aumento de las donaciones solo una pequeña parte de los seis millones de personas que necesitan agua, comida y techo han recibido ayudas. El país se encuentra sumido en el caos con carreteras cortadas, tendidos eléctricos derribados y hospitales sin funcionar. «Hemos suministrado comida y agua a un millón de personas. Tenemos que llegar a seis millones y queda comida para un mes», explicó a ABC Amjad Jamal, portavoz del Programa Mundial de Alimentos de la ONU en Pakistán. «Ahora es cuando necesitamos las donaciones».
La ONU teme que se desencadene una segunda oleada de muertes por los posibles brotes de enfermedades. La falta de agua potable puede provocar epidemias de cólera y diarrea e infecciones respiratorias. En las zonas más afectadas 200 de 1.167 centros médicos, entre ellos hospitales, han resultados dañados. Alrededor de tres millones y medio de niños se encuentran en situación se riesgo ante las enfermedades y la falta de alimento.
Ante la falta de reacción del Gobierno, la población comienza a rebelarse. Mientras se desencadenaba la tragedia, el presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari, recorría Europa. Un gesto que no gustó ni en su país ni en el extranjero. Mark Malloch Brown, ex vicesecretario general de la ONU, criticó a Zardari con dureza: «Es difícil para los donantes convencerse de la seriedad de una crisis cuando el presidente del país está de viaje en Francia».
El Ejercito paquistaní, la institución más fuerte del país, lleva el peso de las labores humanitarias. Otras organizaciones con arraigo popular, como las ramas caritativas de grupos religiosos, algunos radicales, han dado un dado al frente y ayudan en la catástrofe. Se teme que organizaciones radicales aprovechen la situación para ganar con sus ayudas la confianza de la población.
El ministro del Interior paquistaní, Rehman Malik, aseguró ayer a los donantes internacionales que los fondos no caerán en las manos equivocadas, es decir en la de militantes islámicos. «El dinero de las víctimas llegará a su destino». Y es que muchos analistas creen que uno de los motivos de la falta de donaciones en la imagen internacional de Pakistán, relacionada con el terrorismo y los talibanes.
Mientras tanto, la India sufrió ayer de nuevo la furia del monzón. Fuertes lluvias en la localidad de Kapkot, en el norteño estado de Uttarakhand, provocaron el derrumbamiento de un colegio. Según las autoridades locales, 18 niños han perdido la vida, mientras que seis fueron rescatados. Hace dos semanas unas lluvias torrenciales dejaron 183 muertos en Leh, localidad del estado de Ladakh, en el norte del país. Entre los fallecidos se encuentra la española Lourdes Morro.










