Hoy los edificios amanecían en los dos casos sin revelar tareas de restauración general alguna, pero con sustanciales modificaciones. En el caso del «Torres Quevedo» los operarios se limitaron a eliminar la palabra Franco de un frontal donde no se registraba ninguna clase de «exaltación» de la Guerra Civil, de la sublevación o de la dictadura; condiciones «sine qua non», según el artículo 15.1 de la llamada ley de «memoria histórica», para suprimir «escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas».
La fachada posee en la actualidad un aspecto que pone de relieve el borrado del nombre de quien que mandó construir el edificio, dejando un curioso hueco entre el año de inauguración (1943) y «Erig cur».
En el caso de la sede central del CSIC, una construcción del arquitecto, urbanista y pintor español Miguel Fisac, los cambios en la estética del edificio también son patentes. Antes se observaba un frontispicio liso donde se escribían —esta vez sí podrían identificarse como tal— menciones al anterior jefe del Estado. Ahora, en su lugar, han colocado unas imponentes planchas de obra alrededor del escudo del Árbol de la ciencia, que es el emblema del CSIC.
Estas losetas, que sobresalen visiblemente del frontal del edificio son incluso de un color diferente al del resto del edificio. Más que «memoria histórica», se entrevé el «typex a la memoria».



