Galicia

Galicia / la garita de herbeira

Paisaje sin fuego

Una prevención eficar de los incendios se basa en la ordenación de los aprovechamientos, tarea hoy pendiente en Galicia

Día 18/08/2010
Cierto poeta con tendencias hilozoístas decía que «el alma de las gentes está como se muestran los campos». Si eso fuera cierto, no es una buena noticia. La belleza singular de Galicia se ve frecuentemente afeada por la acción humana. Podría ser un paraíso estético extraordinario, porque condiciones naturales sobran. Pero lo que se muestra al observador es el desorden en el territorio.
En lo que se refiere a la campiña gallega hay nuevo factor que modifica el paisaje propio de la economía campesina tradicional: El proceso de transformación experimentado desde los sesenta. La realidad actual muestra decadencia de los aprovechamientos agrícolas.
La ocupación del suelo para este uso, y en especial el policultivo de labradío, está en regresión en Galicia. En el paisaje, el orden y variedad de cultivos y aprovechamientos ha derivado, a falta de criterios claros de innovación o sustitución de nuevos aprovechamientos, cuestión que constituye una auténtica e importante reforma pendiente, en una mayor entropía o falta de información visual debido a la sucesiva y uniformadora invasión de matorral, especialmente de tojo y brezal. Pero tampoco hay suficientes bosques verdaderos, al menos atendiendo al potencial que permiten las condiciones gallegas para el bosque «mesofítico».
Las estadísticas de ocupación del suelo gallego no suelen ser totalmente veraces, al haber un importante colchón o cajón de sastre, definido como forestal, pero cuya realidad se desvía bastante del sentido común de dicho término. El viajero se lleva la impresión que en buena parte de la geografía gallega, más que de verdadera gestión general de recursos naturales lo que hay es abandono, aún salpicado de explotaciones, que es aprovechado por la maleza invasora propia de los primeros estadios de la sucesión ecológica.
Los criterios de valoración de la nueva Ley del Suelo plantean cuál ha de ser el uso potencial de la tierra, para deducir una renta a capitalizar, pero observamos que lo dominante, lo modal, viene a ser dicha degradación. ¿Es que Galicia no es capaz de otra cosa? ¿No hay ningún planteamiento estratégico eficaz para sustituir aprovechamientos limitados por la PAC o de alto coste energético?
Asombra comprobar lo que ha sucedido en áreas con grandes limitaciones ecológicas, como el Poniente de Almería, pero en las que, por contra, se demuestra el valor de la inteligencia y el trabajo humanos apoyados por iniciativas científicas y de investigación agronómica experimental ad hoc a las que no son ajenas las cajas rurales locales, así como de creación de estructuras comerciales ágiles y trasparentes.
La agricultura tradicional basada en el aprovechamiento integral de la fotosíntesis cerraba ciclos. Operaba con sistemas agrarios en los que el monte estaba integrado en su sistema de gestión de la tierra. Con la agricultura industrializada, basada en la introducción de petróleo y otros combustibles fósiles, muchos de estos ciclos se han abierto. Se han fragmentado. Así, mientras millones de hectáreas se van degradando sin carga ganadera, una de las importaciones energéticas más importantes de España son los cereales grano y la soja para alimentar a la ganadería sin tierra.
Pero, sea cual sea el aprovechamiento, tradicional o innovador, con especies autóctonas o importadas, el caso es que haya orden y actividad. Que haya sistema y no abandono, absentismo y degeneración.
El artículo 25.b de la Ley 3/2007, del 9 de abril, de prevención y defensa contra los incendios forestales de Galicia prohíbe las repoblaciones forestales en zonas dedicadas a labradío, cultivo, prados o pastos, con independencia de su cualificación urbanística. Es una medida contraproducente. El problema no es sólo de disyuntativa entre aprovechamientos agrarios o forestales, sino de que haya aprovechamientos.
Más vale que haya plantaciones de especies de crecimiento rápido a que no haya sino tojales o brezales. Una política eficaz contra los incendios forestales no puede ser ajena a la prevención. Y una prevención eficaz se basa en la ordenación de aprovechamientos, tarea pendiente en la Galicia de hoy.
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