La fachada del edificio principal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el número 117 de la madrileña calle de Serrano, amaneció hace una semana con un andamio y una imponente lona blanca y opaca que no dejaba ver los trabajos que allí se desarrollaban.
El despliegue sobre la construcción, erigida dentro de un patio de acceso restringido a los viandantes, hacía imaginar que el edificio, diseñado por el arquitecto Miguel Fisac, estaba siendo sometido a tareas de restauración general, como así lo indicó un trabajador de la obra: «Estamos limpiando con una cuerda giratoria muy veloz la negrura de la inscripción del frontispicio. No estamos quitando nada. Para ello tendríamos que utilizar radiales». Pero eso no era todo.
Ayer se comenzaba a deconstruir el andamio; se retiraba definitivamente la lona y la leyenda que supuestamente limpiaban había desaparecido, conservando únicamente el escudo del CSIC —el árbol de la ciencia— y dejando la leyenda que lo envolvía completamente lisa «en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica», según se indicó a ABC desde el gabinete de comunicación del presidente del CSIC, Rafael Rodrigo. Juárez explicó además que ha sido el propio CSIC el que, en cumplimiento de la citada Ley, tuvo que solicitar la retirada de alusiones franquistas de algunos de los edificios que utiliza: «Cuando utilizamos un edificio que pertenece a Patrimonio del Estado, tenemos que hacer un escrito pidiendo el permiso de los Ministerios implicados para acometer las obras y esperar una respuesta afirmativa. En ese caso, lanzamos un concurso público y más adelante se ejecutan. Cuando el edificio es del CSIC, ejecutamos directamente. El Gobierno cree que nuestras solicitudes están dentro de la normativa vigente y por eso se están acometiendo las obras».
Más andamios
Igual suerte ha corrido el Instituto de Física Aplicada Torres Quevedo (Serrano 144), utilizado por el CSIC, en el que no se observaba ninguna «exaltación», como indica el artículo 15.1 de la Ley de Memoria Histórica para eliminar las alusiones «de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura». Aquí, por el momento, han sido menos sutiles: han picado las letras del apellido, dejando intacto el resto de la inscripción. Y el hueco en medio.




