LA CORUÑA
Se ha celebrado la primera corrida de la vigésima edición de la Feria de Toros de La Coruña, en la que ha toreado Enrique Ponce en la vigésima temporada tras su alternativa y ha conseguido cortar su vigésima oreja en el Coliseo. Pero el triunfador de la tarde no ha sido el sabio diestro valenciano sino El Fundi, quien resultó agraciado con su lote. Dos peritas en dulce, especialmente el primero, cárdeno de capa, que era una máquina de recibir pases de casi todas las maneras posibles. Al final del paseíllo se guardó un minuto de silencio in memoriamde aficionados fallecidos y luego se leyó un manifiesto de apoyo a la Fiesta nacional, muy aplaudido y vitoreado por el público, mucho más numeroso, por cierto, que en anteriores ediciones.
Decíamos que El Fundi tuvo suerte en su lote, que le permitió lucir su repertorio. «Manchón», herrado con el 168, de 459 kilogramos en báscula, resultó muy noble, pastueño y limitado de fuerzas. El torero granadino se ciñó a la verónica, seguidas de chicuelinas bien rematadas poniendo en suerte al toro que se arrancó al caballo para recibir una puya no muy fuerte. Banderilleó espectacularmente, muy bueno el segundo par, y el tercero en la suerte del violín. Brindó al público y logró varias tandas con las dos manos, seguidas, ajustadas con un toro que le seguía dócilmente y que entraba a la muleta con fijeza. Naturales, redondos, de pecho, manoletinas, en fin… todo su repertorio. Mató de estocada entera algo tendida. Y recibió merecidamente dos orejas teniendo en cuenta el conjunto de su labor.
Su segundo, «Enredador», negro mulato, dio una espectacular voltereta antes de tomar su puyazo, tapando la salida y protestado por el público. Banderilleó con espectacularidad aún dejando los palos ligeramente traseros. Consiguió ligar varias series con ambas manos en un toro que hacia algo de mérito a su nombre, pero poco. Mató de casi entera, atravesada, ligeramente trasera, y descabelló
a la primera. Recibió una oreja a petición mayoritaria del público, que valoró el conjunto de su labor.
Sebastián Castella tuvo muy mala suerte con su lote, en especial con el sexto, manso peligroso, acaso terminado de estropear con una lidia desordenada, e impropia de la plaza. El presidente se apiadó de los banderilleros que estaban pasando las de Caín y cambió rápidamente el tercio. El joven diestro francés con tesón, paciencia y habilidad sin embargo logró ligar alguna tanda hasta que el bicho se rajó del todo. Se defendía huyendo o tirando coces o derrotes hasta que Sebastián consiguió cazarlo de bajonazo después de un aviso y cuando la cosa ya pintaba mal. Aplausos y algunos pitos. El tercero, «Correviento», con peligro pero poca emoción, tomó un puyazo embrollado. Castella intentó el natural en los medios pero consiguió a base de porfiar algunos ligados por la derecha. Mató echándose sobre el bicho, que no colaboró en el embroque, para lograr media trasera. Un aviso y descabello al segundo intento para escuchar aplausos en gratitud por su esfuerzo. Una tarde deslucida por los toros que le tocaron en mala suerte.
Ponce puso en práctica, en la medida que su lote le dejó, algunas de las ideas sobre el arte de torear que nos explicó el pasado jueves. Pero por mucho que se esforzó por agradar al público coruñés sus toros no colaboraron. Dejó constancia de su gran técnica con ambos toros. Especialmente a su primero, también de la tarde, a quien cogió pronto la distancia luego de una serie de tanteo rematada con el de pecho. Logró sacar buenos muletazos cuidando la embestida a su flojo antagonista hasta que el colorado, quizás demasiado gordo, se agotó. Mató de pinchazo, entera algo desprendida y baja, seguida de descabello. Aplausos. En el cuarto, negro mulato, que brindó al público, consiguió dominar el molesto cabeceo inicial para lograr ligar con tesón y técnica un par de meritorias tandas. Pero como decía la entendida aficionada sevillana a cuyo lado
estaba sentado: «De donde no hay no se puede sacar», aunque Ponce «sacó» su vigésima oreja en este coso tras acabar de un estoconazo fulminante con ligero derrame. El ganado ofreció una presentación y juego desiguales, salvo en su común falta de fuerzas. La presidencia, bien asesorada, estuvo acertada.












