Cataluña

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Un blues por el lujo de antes

Cuando todos quieren ir hacia adelante, el Hotel Palace regresa a sus orígenes.

Día 08/08/2010
Entrar en él es como dar un salto en el tiempo. Luz tenue ilumina un salón lleno de espejos, sillones mullidos y una barra que corona la estancia. De fondo se escuchan unas notas de saxo, melancólicas, que transportan a una época que ya no es. El blues de Stanley Turrentine adereza la escena y lleva de la mano a un ambiente de lujo, romanticismo, lentejuelas y sombreros de bombín. El Hotel Palace parece instalado en el año de su inauguración, en 1919, uno después de la muerte de su creador, el suizo César Ritz, que revolucionó la hostelería a finales del siglo XIX. El lujo, la distribución y el «savoir faire» son herencia de su fundador; el aliño, es gracias a su director Joan Valls. «Toda la música que escuchamos aquí, es mía; soy fanático del jazz y del blues», dice Valls.
El director del Hotel Palace de Barcelona lleva más de 41 años en el mundo de la hostelería, en el que incursó por herencia; su padre también dirigió hoteles. A pesar de que un principio se aburría mientras su progenitor hablaba sin parar con clientes y empleados, al final cedió al llamado de la sangre y a los 17 años entró a trabajar al Hotel Oriente. Mucho ha caminado desde entonces, y ahora, al frente del que llama «el broche de oro de su carrera», disfruta de esta vocación, que a pesar de ser demandante, es la suya. «Es como una droga, crea adicción», explica.
Y como no va a crear adicción si gracias a su trabajo ha podido conocer a personas diversas de distintas nacionalidades. «Lo que más disfruto es hablar con los clientes», dice, con quienes muchas veces ha estrechado lazos más allá del ámbito laboral. En una ocasión, él, el mâitre y el jefe de recepción, eran los únicos asistentes al funeral de una huésped. Para él, implicarse sentimentalmente es inevitable y es lo que le permite formar un buen equipo, pues asegura que da confianza a sus colaboradores saber que trabajan con alguien que tiene emociones y es capaz de empatizar con alguien más.
Para relajarse, le gusta
desconectarse en el Salón Cugat, el cual une al bar del hotel con el jardín. «Es un espacio en la mitad de Barcelona en donde se puede simplemente estar», apunta. El Palace ha sido renovado recientemente, en abril se reabrió al público, tras una inversión de 30 millones de euros de sus propietarios, la familia Gaspart.
Sin embargo, hablar de renovación no es ser justos, pues lo que se intentó hacer fue mas bien volver a los inicios. Con fotografías se trató de emular al hotel en su inauguración. «Somos el único hotel clásico de Barcelona que quiere ser clásico», explica su director. Por tal motivo, las televisiones y los minibares en las habitaciones están escondidos, con la intención de trasladar al visitante a esa época de glamour que sólo ha visto en las películas. Aún falta por inaugurar la piscina y la suite Dalí, en honor al pintor que vivió por un tiempo en el recinto. Ambos serán la guinda del pastel de este hotel de gran tradición en Barcelona en donde beber una copa, escuchar jazz y viajar en el tiempo es una indulgencia que pocos se pueden dar.
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