Corría enero de 1998, el elegido —seis meses atrás— nuevo secretario general del PSOE en el XXXIV Congreso Federal, Joaquín Almunia, necesitaba legitimarse para dejar atrás la imagen de tutelado por Felipe González. Y organizó primarias entre la militancia de toda España. Con el resultado conocido. El 24 de abril, habiendo participado el 54,3% del censo de militantes, José Borrell le batió con un 55,1% de los votos. El ex ministro venció en 16 de las 21 federaciones del PSOE, pese a que Almunia contó a favor con todo el peso del «aparato»...
Han pasado doce años y Trinidad Jiménez no es Joaquín Almunia. Cierto. Su problema es otro: José Blanco ha convencido a Rodríguez Zapatero de que Tomás Gómez tiene un bajo conocimiento ciudadano y con él de cartel electoral «nunca» se arrebatará la mayoría absoluta a Esperanza Aguirre. En consecuencia, el presidente del Gobierno trazó una hoja de ruta «envolvente» que comenzó el pasado 15 de julio, con Manuel Chaves sondeándole, y debía terminar ayer con Gómez aceptando echarse a un lado. «Yo creo que no calcularon bien como es Tomás», decía ayer a ABC alguien de su entorno, poniendo en duda, tras lo ocurrido, que Jiménez se atreva finalmente a presentarse.
Históricamente, el socialismo madrileño se rebela contra las imposiciones desde arriba, como ocurrió en 2007 con el episodio de Miguel Sebastian para la Alcaldía, después del vodevil protagonizado por José Bono y la nunca confirmada oferta para que fuera candidato a la Alcaldía. Juan Barranco, el que fuera alcalde, ha pedido irónicamente a Ferraz «que mande jamones y no paracaidistas». Y desde el entorno de Gómez se recuerda que «una amplia mayoría del Comité Regional está con Tomás a muerte, pero en la calle la fidelidad es casi absoluta. Cuando visitamos las sedes de las diferentes agrupaciones locales nos lo transmiten continuamente: ante Ferraz, ni un paso atrás».
«No hace falta buscar muchas interpretaciones —apunta a ABC otro miembro del PSM—; si Zapatero ha decidido no reunirse con Gómez ha sido porque se ha dado cuenta de que no va a poder convencerle. ¿Y por qué no va a poder hacerlo? Porque sabe que tenemos el apoyo del 90 por ciento de la militancia madrileña. Y ella es la que, en caso de primarias, te otorga con sus votos la responsabilidad de ser candidato».




