Michael Schumacher se siente como Lance Armstrong en el último Tour de Francia, donde el americano se dedicó a hacer turismo sobre la bicicleta. Superado por la bendita juventud, el alemán se muerde las uñas después de un regreso nefasto a la Fórmula 1.
Sin embargo, de Schumacher algo queda. Persisten su apellido, que es sinónimo de victoria, y también sus malas artes. En eso no cambia el cuarentón alemán, que en Hungaroring alimentó una leyenda negra con múltiples episodios.
A falta de cuatro vueltas, resignado a luchar en el pelotón de los segundones, realizó una maniobra impresentable ante la embestida de Rubens Barrichello, acorralándole contra el muro. Schumacher sabía que tenía la posición perdida y acorraló al brasileño empujándole contra el muro. «No nos tocamos, así que supongo que había dejado suficiente espacio para él. Yo no soy conocido por hacer regalos en la pista. Si alguien desea pasarme, tiene que luchar por ello», sentenció Schumacher. «Poner en peligro a otro piloto es totalmente innecesario. No puedo entender por qué hace cosas así», criticó Niki Lauda. «Es de locos. Para esto, que no hubiera vuelto», añadió Barrichello. La acción le acarreará la pérdida de diez posiciones para la carrera de Spa, pero ya está acostumbrado a que le llamen al orden. Eso sí, nunca cambiará:
Mónaco 2006. Enfrascado en una dura batalla con Fernando Alonso, el germano simuló un accidente patético. En el peculiar circuito urbano, dejó su Ferrari en la curva de La Rascasse para evitar que Alonso le arrebatara la «pole». Fue enviado a la última plaza de la parrilla.
1994, el choque con Hill. Schumacher ganó su primer Mundial de mala manera. En Australia, última carrera, se salió cuando lideraba la prueba. Dañó la suspensión de su Benetton, pero volvió a pista y dejó que le adelantara su rival, Damon Hill, para luego colisionar intencionadamente con él. Los dos quedaron fuera de combate. «Hay dos cosas que diferencian a Schumacher del resto de los pilotos, su talento y su actitud», escribió luego Hill. Ese mismo año, en Gran Bretaña, ignoró una bandera negra de exclusión y le sancionaron con dos grandes premios de inactividad.
1997, lo mismo con Villeneuve. Esa vez le castigaron por una situación idéntica a la que vivió con Hill. Colisionó a conciencia con Jacques Villeneuve en el Gran Premio de Europa disputado en el circuito de Jerez. Esta vez el Consejo Mundial le excluyó de la clasificación de pilotos.
Adelantamiento bochornoso.
Las órdenes de equipo están prohibidas por culpa de Schumacher y Ferrari, que, en el Gran Premio de Austria de 2002, con el Mundial casi sentenciado, obligaron a Barrichello a ceder el triunfo al alemán. Le dejó pasar en la línea de meta, en una imagen desastrosa para el deporte.






