Cuatro directivas explican su testimonio sobre la dificultad de acceder a cargos de alto rango. Ante la demanda social de más mujeres directivas, la Universidad Pompeu Fabra pone en marcha un máster basado exclusivamente en el liderazgo femenino. Es la escuela de las armas de las directivas.
Eva Hernández tiene 42 años y lidera Endesa Educa desde el nacimiento del proyecto en 2001. Como directiva, tiene a su cargo a un equipo de nueve personas encargado de proporcionar a las escuelas actividades educativas relativas a la energía. El éxito del proyecto ha permitido su expansión nacional. A primera vista, parece que la carrera profesional de Eva ha ido sobre ruedas y se muestra satisfecha, pero no puede evitar sentirse estancada: «Me gustaría seguir escalando, pero no puedo. Te dicen que lo haces muy bien, pero es muy costoso que reconozcan tu trabajo a efectos prácticos». Eva ha llegado a lo que se conoce como techo de cristal.
Talento desaprovechado
Las aulas universitarias están llenas de mujeres, pero los puestos directivos están ocupados por hombres. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), durante el pasado año completaron sus estudios universitarios 189.899 alumnos, de los que 115.446 fueron mujeres, lo que supone el 60,8% del total. Sin embargo, el porcentaje femenino en puestos de dirección en empresas de más de diez trabajadores es de sólo el 9%. Además, según la Cámara de Comercio de Barcelona, esa escasez femenina en cargos directivos y, por lo tanto el no aprovechamiento de su talento, supuso el año pasado unas pérdidas de mil millones de euros en Cataluña.
Más allá del problema de la paridad en los puestos directivos, lo que ha detectado la Universidad Pompeu Fabra es un nicho de mercado. La Escuela Superior de Comercio Internacional (ESCI) ha puesto en marcha un máster pionero en toda Europa que da continuidad a un posgrado anterior sobre la misma materia y que tiene como objetivo enseñar a las mujeres a liderarse a sí mismas y a gestionar decisiones de forma estratégica dirigiendo empresas.
Síndrome Mari Pili
Carmen García Ribas, directora del máster, lleva quince años estudiando el miedo y ha llegado a la conclusión de que los hombres se caracterizan por su miedo al fracaso y las mujeres, por su miedo al rechazo. Según García Ribas, el mundo público es masculino porque, históricamente, hace poco que las mujeres se han incorporado a esa esfera. La directora de este máster especializado habla de cultura huésped: «La mujer tiene conciencia de no estar en casa aunque el anfitrión, su jefe, la trate bien. Es dócil porque siente que está de prestado y no quiere molestar», afirma García.
Eva Hernández, ex alumna del posgrado en liderazgo femenino, sabe bien de lo que habla García Ribas: «No te sientes escuchada, eres invisible y cuesta mucho hacerte escuchar en una reunión sin que nadie rompa tu discurso». Fundamentalmente, se trata de una cuestión de actitud. Gestos y expresiones de devaluación que denotan poca seguridad en una misma del tipo "intentaré explicar" es lo que García Ribas denomina síndrome Mari Pili.
Capacidad de liderazgo
Cristina Urbina también es ex alumna del posgrado en liderazgo femenino. Es abogada y trabaja desde hace 16 años vinculada al sector de las ONG, donde el 73% del personal contratado son mujeres, pero en el que sólo un 5% ocupan puestos directivos, según el Estudio de Ocupación del Tercer Sector Social de Cataluña de este mismo año. En la actualidad, Urbina es directora de la Asociación Empresarial de la Iniciativa Social de Cataluña (AEISC) y asume el efecto paralizante que sobre ella han tenido sus miedos: «Tener miedo sin saber a qué es la peor manera de enfrentarse a nada. El miedo disfuncional es paralizante, bloquea tu creatividad, provoca indecisión y torpeza».
Si las mujeres tienen dificultad en todos los sectores a la hora de llegar a un puesto de dirección, en el sector de eventos se sigue el mismo patrón. Pese a que un informe de Eventoplus del 2008 indica que las agencias de esta especialidad se caracterizan por una alta presencia femenina entre sus trabajadores (64%), el porcentaje se reduce considerablemente si se contabilizan las mujeres presentes en equipos directivos (35%). En el caso de los proveedores de eventos, ambos porcentajes son aún inferiores: 45% de empleadas y 24% de mujeres en cargos de dirección.
Lynn Wong es socia fundadora del Grupo Eventoplus, empresa líder del sector, y explica así la desproporción entre mujeres empleadas y mujeres directivas: «La corta vida del sector se une a la problemática universal de la mujer a la hora de acceder a la dirección por una cuestión de cultura».
Cambio de paradigma
Wong consiguió ser directiva a los 29 años de edad. Como mujer segura de sí misma, nunca ha dudado en hablar alto y claro para ponerse al mismo nivel de un hombre. Sin embargo, su origen asiático sí que le ha creado cierta inseguridad por no conocer la cultura española y su lengua cuando llegó a nuestro país. No obstante, Wong se lideró a sí misma a partir de la diferencia: «Que seas extranjero despierta curiosidad en la gente. Tus compañeros piensan que por tu origen puedes aportar buenas ideas y te escuchan con atención».
Los estereotipos siempre han asociado el talento masculino con la razón y el femenino, con la emoción. En palabras del filósofo Thomas Kuhn, «las crisis debilitan los estereotipos y proporcionan los datos adicionales necesarios para un cambio de paradigma fundamental». ¿Será esta crisis una nueva oportunidad para que hombres y mujeres lideren conjuntamente y gestionen de forma inteligente sus diferencias?












